Quedamos con Martina en que pasaría a recogernos por mi casa a las nueve y media. Primero de todo, Rosa, que tiene unas manos prodigiosas para el maquillaje nos maquilló. Después, estuvimos varias horas eligiendo vestidos, tocados, zapatos, bolsos... la verdad es que mi guardarropa daba para vestirnos a nosotras tres y a cien chicas más. Siempre he tenido debilidad por la ropa y los complementos, y no había temporada en que no estrenara como mínimo diez vestidos con sus correspondientes bolsos, zapatos, sombreros a juego. La mayoría de ellos, habían sido hechos exclusivamente para mí por los mejores modistos de Europa, con las mejores telas y materiales sin escatimar en gastos. Todos mis caprichos corrían a cargo de mi abnegado padre que adoraba mimarme por encima de todas las cosas. Qué puedo hacer yo si soy la niña de sus ojos…
Cuando acabamos de arreglarnos estábamos realmente despampanantes, ¡impresionantes! A las nueve y media, como un reloj, el claxon del coche de Martina nos avisó de que nos estaba esperando en la puerta. Salimos corriendo, estábamos nerviosas e ilusionadas por saber cómo eran las fiestas del siglo XXI, y como no, los chicos.
-¡Martina!, creo que podríamos coger mi coche. ¿Qué te parece?- dije mientras cerraba la puerta de casa.
-Bueno, por mi encantada, pero eso sí, conduzco yo...-contestó Martina.
-¡Perfecto!, todo tuyo- asentí lanzándole las llaves al vuelo.
Nos montamos las cuatro en el coche, hacía una noche preciosa , la luna llena iluminaba la carretera, y nos dirigimos hacia Vallvidrera, un pueblo cerca de Barcelona donde veraneaban algunos de nuestros amigos.
-¿La fiesta es en Vallvidrera?, ¡magnífico! Un lugar precioso para hacer una fiesta, tu amigo tiene muy buen gusto, esto pinta muy bien- sonreí satisfecha pensando en la larga noche que nos esperaba.
-Ya lo creo, ¡qué maravilla! ¿Habrá mucha gente en la fiesta?, ¿y de chicos?, ¿cómo está el tema?- preguntó Rita con una sonrisa picarona mientras se colocaba coquetamente las ondas doradas de su melena.
-Sí, me comentó que seríamos unas trescientas personas. La casa es preciosa y enorme, tiene unas vistas a Barcelona espectaculares. Os va a encantar. Además tiene un jardín con una piscina impresionante, siempre hay alguien que acaba un poco perjudicado en remojo. Nos lo pasaremos muy bien Pere es muy buen anfitrión y sus fiestas siempre son memorables-
Cuando llegamos a la casa nos quedamos maravilladas, era realmente tan preciosa como nos la había pintado Martina. Había gente por todas partes, pero como era tan grande no se tenía sensación de aglomeración. Cuatro hombres fornidos y grandes como armarios flanqueaban la puerta de hierro forjado de la verja de acceso, parando a todos los coches que llegaban. Unos aparcacoches se encargaban de acomodar toda la flota de coches estrafalarios, por lo menos a nuestro parecer, que iban llegando en procesión.
-Buenas noches, su invitación por favor- dijo uno de aquellos gigantes.
-Hola, buenas noches, mire- dijo Martina enseñándole una tarjeta.
-Perfecto, bienvenidas y que pasen una buena velada- añadió amablemente el chico.
Entonces Martina paró el coche y uno de los aparcacoches vino rápidamente dónde estábamos. Bajamos de mi preciado vehículo y miré con recelo como Martina le entregaba las llaves.
-Haga el favor de tratar este coche con el máximo mimo, no consentiré que le haga la más mínima raya…-dije con tono inquisitivo.
-Minerva, tranquila, que está acostumbrado a tratar con coches de lujo, ¿no ves qué coches hay aparcados?- me espetó Martina haciéndole una ridícula mueca al aparcacoches.
-Sólo es un aviso-dije mirando al chico desafiante.
-Tranquila señora. A su coche no le pasará nada, lo trataré como si fuera el mío propio- dijo mientras añadía en voz baja:
-Estas pijas son insoportables, de buena gana le pinchaba las ruedas a ver si volvía en burro a su mansión…-
-¡Pero qué dice elemento!- dije acalorada.
-Nada, señorita, que para mí es una satisfacción que una distinguida dama como usted le confíe a un don nadie como yo algo tan preciado como su majestuoso vehículo- añadió con una sonrisa de cera.
-¡Venga, calla ya Minerva y entremos en la casa!- dijo Rita impaciente por entrar, viendo que la situación se alargaba tontamente.
-¡Si venga!-asintió Rosa muy ilusionada.
Una chica muy amable nos acompañó hasta una estancia inmensa donde se concentraba gran cantidad de gente. Había decenas de camareros que iban arriba y abajo con bandejas de “suculenta” comida y bebida.
Un risueño camarero se acercó a nosotras invitándonos a tomar una copa de cava de la bandeja que llevaba, con gran maestría por cierto, entre aquel hervidero humano; no nos pudimos resistir, estaba fresco y ¡en su punto!
Martina no paraba de saludar a gente, a cada paso que daba tenía que pararse a hablar, se notaba que estaba en su salsa, y nosotras tres, cotillas y deseosas de ver lo que se cocía en todas las estancias, decidimos ir a inspeccionar por nuestra cuenta.
En nuestra prospección, decenas de camareros nos asaltaban a nuestro paso ofreciéndonos extrañas comidas que, ante nuestra sorpresa, describían minuciosamente...
-Buenas noches señoritas, ¿les apetece probar estas pepitas de melón con deconstrucción de ajo sobre una nube de pimiento del piquillo relleno de quicos macerados al aceite de orégano cultivado en los cerros de la Patagonia en tostada de centeno?-
Las tres nos quedamos anonadadas. Mientras el pobre camarero trataba de recuperar la respiración tras la retahíla, nosotras intentábamos adivinar dónde demonios veía todo eso. Nosotras simplemente veíamos una tostada con una masa verde, del tamaño de una lenteja, salpicada con gotas rojas. ¿Qué narices significaba deconstrucción de ajo?
-Mire, lo probaremos, claro que sí, aunque sólo sea por el esfuerzo explicativo- le dije al camarero sonriéndole.
Las tres alargamos la mano y tomamos una de aquellas “tostadas”. Lo cierto es que no estaba mal, pero con total seguridad, nosotras hubiéramos preferido unos simples vol-au-vents rellenos de caviar, mucho más exquisitos y con menos parafernalia narrativa...
No habíamos conseguido dar dos pasos seguidos cuando otro camarero se acercó a nosotras y entonces Rita, antes de que pudiera abrir la boca, le dijo:
- A ver chico, no nos expliques más rollos, dinos dónde está el caviar, el marisco y el foie y estos “lo que sea” los dejas para los caballos-
-Pues creo que no hay, no me consta que el señor Ferràn Adrià incluyera caviar o marisco en el menú. Si quiere puedo preguntarlo en cocina...-le contestó educadamente el camarero.
-No seas estúpida Rita, el pobre chico sólo quiere ser amable- le reprochó Rosa.
-Sí, muy amable pero ¡yo tengo hambre!- se descaró Rita sacando el mal genio que le producía el hambre.
-Venga vamos a por otra copa de cava fresquito que tengo sed” dije mientras me dirigía hacia otro camarero que transportaba una bandeja llena a rebosar de copas.
Fuimos comiendo, con mayor o menor fortuna, algunos de los “manjares” que nos iban ofreciendo los camareros. En el salón tocaba una banda de jazz, me gustaba esa música traída de los Estados Unidos, desde luego había sido un auténtico éxito porque seguía vigente en el siglo XXI.
La verdad es que en la fiesta no desentonábamos en absoluto porque había gente y “pintas” para todos los gustos. La nota dominante en el ambiente era el esnobismo. Había chicos de etiqueta, pero también había chicos vestidos de forma grotesca con unos pantalones horrendos, gigantes, con la bragueta a la altura de la rodilla enseñando los calzoncillos. Otros lucían pantalones gastadísimos al más puro estilo zarrapastroso. Otros exhibían grandes nombres escritos en cada milímetro de tela: Giorgio Armani, Prada, Gucci …mientras otros iban vestidos con trajes de colores chillones, de tan mal gusto, que parecían disfraces dignos de bufones de la corte. Pero si los chicos vestían así, las chicas no se quedaban atrás en absoluto... Las había con trajes preciosísimos, pero también las había con unas faldas tan cortas como un fajín, con piernas como alambres, el pelo estropajoso y oxigenado hasta la médula y tan morenas de piel que parecía que se habían pasado todo el día arando a pleno sol. Otras féminas llevaban escotes tan pronunciados que no tenían dejaban nada a la imaginación. Por más de un escote asomaban dos pelotas redondas desmesuradas a modo de senos, ¡qué vulgaridad! Desde luego, si una cosa teníamos segura, es que éramos de las mejor vestidas y maquilladas de la fiesta. No cabía duda alguna. Pero no fuimos las únicas en darnos cuenta, como pudimos advertir por las miradas de odio que nos dedicaban algunas de las invitadas y por la cara de embobados de muchos de los asistentes de sexo masculino. Pero a todo esto ya estábamos acostumbradas y nos encantaba que así fuera. Por suerte, hay cosas que no cambian con el paso del tiempo…
Durante toda la velada se proyectaban en una pared imágenes y mini películas, sin sentido y sin argumento aparente, que se repetían una y otra vez y que, por lo que pudimos oír de conversaciones que cazábamos al vuelo, eran los anuncios de la agencia de publicidad del amigo de Martina, que habían sido galardonados en diferentes certámenes.
Rita empezaba a estar muy animada, ayudada por las copas de cava que llevaba en su cuerpo, pero no era la única. A medida que avanzaba la noche la gente se iba desatando y el tono de la fiesta iba subiendo por momentos.
Tras los agradecimientos que el amigo de Martina manifestó a los presentes con la ayuda de un micrófono, las luces se apagaron y de la oscuridad surgieron un montón de luces de colores que giraban y se movían frenéticamente de un lado al otro mientras una música horrenda y a un volumen ensordecedor empezó a sonar por toda la casa. Entonces la gente empezó a enloquecer moviéndose de forma extraña, como si tuvieran espasmos, o les estuvieran pisando el juanete sin piedad. Desde luego vaya forma de “bailar” más extraña algunos parecían talmente aprendices de polluelo moviendo los brazos como si estuvieran a punto de volar por primera vez.
Nosotras deducimos que había acabado la cena y empezaba la fiesta loca. Rita ya estaba dale que te pego dando pasos de charleston. Lo que no podíamos entender es cómo podía hacer coincidir los pasos con el ritmo de la espantosa música que sonaba... sin duda demostró una vez más que era una bailarina de primera. Rosa y yo también decidimos dejar de observar y pasar a la acción pegándonos una buena sesión de baile.
Al cabo del rato me percaté de que un chico vestido todo de negro con unas enormes gafas oscuras que le ocupaban media cara, pelado casi al cero y con cara de estreñido, no le quitaba el ojo de encima a Rita... Tengo que decir que esto no me sorprendió demasiado, de hecho ya estábamos acostumbradas a que a Rita no le quitaran el ojo de encima, porque, además de muy guapa, no era precisamente lo que se dice discreta... Lo que realmente me inquietaba era la chulería y la actitud insolente del “pretendiente”.
El tipo en cuestión se decidió a atacar. Se acercó a Rita y le dijo algo al oído. Lo cierto es que no tenía ninguna gracia aparente, de hecho ni bailaba, pero se ve que en cuestión de palique iba sobrado porque Rita no dejaba de reír como una loca ante cada comentario del tremendo elemento.
Nosotras decidimos seguir a lo nuestro, es decir, a bailar, y no pasaron ni tres minutos hasta que fuimos abordadas por sendos muchachos que, la verdad, no estaban nada mal.
-Hola preciosa, ¿cómo te llamas?, ¿estudias o trabajas?, ¿estudias o diseñas? Eres la luz de la fiesta, ¡me has dejado deslumbrado!- dijo el que probó suerte conmigo.
En un principio pensé que el chico no estaba nada mal físicamente, pero tenía menos gracia que los chistes de mi tío Josep y más rollo que una persiana…
-Hola, me llamo Minerva. De verdad, ¿te interesa realmente si estudio o trabajo? ¿A qué te refieres exactamente con lo de si estudio o diseño?-
-Chica, es un decir, una forma de romper el hielo...- contestó intentando hacerse el gracioso. Su sonrisa dejó al descubierto una colección de dientes que habría dado muy buen resultado en la venta de un equino.
-Bueno, cuidado con el hielo, ya sabes lo que le pasó al Titanic...- le solté deseando quitármelo de encima lo antes posible porque su conversación y su aliento de beodo fumador no me resultaban precisamente apetecibles.
-Ya veo que he topado con una chica dura. Me gustan los retos.- dijo el pobre iluso.
-¿Si? Pues vamos a ver si superas tú mi reto… Para tu información ni estudio ni trabajo en algo en concreto. Suelo hacer lo que me da la gana en todo momento y, por cierto, ¿cómo te llamas?, ¿a qué te dedicas?, ¿a qué aspiras?, ¿cuánto cobras?, ¿de qué familia eres hijo? Yo lo que busco es un padre para mis hijos- le pregunté como una ametralladora, casi sin dejarle abrir la boca. Lo de buscar un “padre para mis hijos” era un treta fantástica para quitarse moscones de encima.
- Me llamo Emili, pero todos me llaman Mili. Trabajo como creativo en la famosa agencia Pessat. En cuanto a lo que aspiro, es a que echen a mi jefe directo para quedarme con su puesto, de hecho estoy intentando idear cómo, y por lo demás ganar mucha pasta y trabajar poco, vaya eso contesta también a tu pregunta de cuánto cobro… En fin, aspiro a lo que casi todo el mundo en el sector. Y sobre tu pregunta de qué familia soy hijo, pues te diré que mi padre es dueño del bufete de abogados más prestigioso de la ciudad, el bufete Cincocasas, ¿lo conoces?, no sabes la de pasta que te ahorrarías en abogados si salieras conmigo. ¿Lo de ser el padre de tus hijos?, encantado, siempre y cuando firmemos un acuerdo prematrimonial…- dijo aquel plasta que parecía tener respuestas para todo.
-Vaya, vaya... y tu porqué no te dedicas a la abogacía, ¿si se puede saber?-
-Pues porque a mí me gusta más la vida bohemia, el riesgo, las fiestas, la aventura, es decir todo lo contrario al mundo encorsetado de la abogacía- dijo Emili acercándose a mi peligrosamente; sus brazos empezaban a parecerme, cada vez más, largos tentáculos cefalópodos…
-Perdona pero no creo que tengamos demasiado en común, mejor no perdamos el tiempo. ¡Arrivederci Emili!- le dije girándome buscando a Rosa y Rita con la mirada.
-¡Pero Minerva, vuelve!, ¡si nos acabamos de conocer! Vamos no seas cruel, ¡dame una oportunidad!...-oí mientras me alejaba de él. La verdad es que Mili no me interesaba en absoluto, entonces ¿para qué iba a perder el tiempo?, ya había oído suficiente.
De Rita no había ni rastro y cuando por fin localicé a Rosa vi que estaba muy bien acompañada por un chico alto, rubio y exquisitamente vestido. Los dos estaban inmersos en una conversación que, a juzgar por sus caras y su lenguaje corporal, debía ser de lo más interesante, pobre Narcís, ¡qué cuernos le empezaban a asomar!...Ante tal situación decidí seguir cotilleando por la fiesta y de paso tomarme algo.
Mientras esperaba que uno de los camareros me sirviera me dediqué a fijarme en lo que tomaba la gente de aquella época, había infinidad de marcas y bebidas diferentes. Entre los típicos whiskys con hielo, copas de cava, gin tonic y cuba libre, me llamó la atención un combinado que pidió una chica, un tal Pitbull con whisky. Por un momento decidí dejar de lado mi adorado cava y pedirme uno de aquellos combinados para ver qué tal:
-Hola, ¿me sirve un Pitbull con whisky?-
El camarero puso hielo en el vaso añadió el whisky y después cogió uno de aquellos cilindros coloridos que contenían el tal Pitbull y tras abrirlo acabó de rellenar el vaso.
Pegué un pequeño sorbo, el sabor me pareció repugnante, pero decidí darle otra oportunidad y volví a tomar otro pequeño sorbo que ya no me supo tan mal. Cuando me di cuenta ya me había tomado tres combinados enteros y me sentía mejor que nunca. Una euforia increíble empezó a sacudir mi cuerpo, pensé que aquello debería parecerse, y mucho, al Néctar de los dioses. Cuando me di cuenta estaba bailando como una loca, y la música que antes me parecía horrible ahora me encantaba. En uno de mis breves descansos para recobrar el aliento pude ver cómo Rita estaba tomando contacto físico con el tremendo individuo sin cualidades aparentes. Para mis adentros pensé que tal y como veía a Rita de emocionada, más de una virtud oculta debía de tener porque ella no se liaba con cualquiera…al final del largo intercambio de fluidos bucales decidieron salir al jardín y ya les perdí la pista.
Tras la intensa sesión de baile y viendo cómo Mili me había localizado y se acercaba a toda velocidad esquivando a la gente con gran pericia, decidí salir en estampida hacia la toilette, allí podría retocarme el maquillaje, que ya debía estar un poco perjudicado, y de paso despistarle. En mi huída desesperada choqué contra un chico de forma estrepitosa, caímos los dos al suelo y encima le puse chorreando con mi bebida.
-¡Perdonaaa! Madre mía… no te había visto- le dije totalmente ruborizada mientras me recolocaba el tocado con una mano y me bajaba el vestido con la otra.
-No te preocupes, no pasa nada. ¿Dónde vas tan rápida? ¿A caso te persigue el lobo?- preguntó con una sonrisa preciosa que me dejó k.o.
-Más o menos…- dije mirando hacia atrás, pero era demasiado tarde, Mili me había localizado.
-No me digas que Mili te está tirando los trastos…- me dijo guiñándome uno de sus enormes y preciosos ojos verdes.
-Vaya, ¿le conoces?-
-¿Y quién no le conoce? Es el tío más pesado y empalagoso de toda Barcelona. Ven yo te rescataré- añadió pasándome su brazo por encima del hombro. Yo ante semejante Adonis, no tuve ningún reparo en que lo hiciera y Mili al ver la escena desistió en sus intenciones y empezó a atacar a una chica pelirroja que tenía al lado…desde luego no perdía el tiempo.
Aquel chico y yo nos dirigimos al jardín, la verdad es que casi no podía ni mirarle de tanto que me gustaba, y yo iba pensando para mis adentros…”¡Pero qué te pasa Minerva!, tienes al lado al chico más guapo y más agradable que has visto en tu vida y ¿¿¿te quedas muda??? ¿Quieres que piense que eres una mojigata? ¡Venga espabila cenutria o se te escapa!”
Realmente mientras pensaba esto debía de poner cara de tránsito místico porque cuando volví en mí oí cómo aquel chico decía:
-Perdona, ¿porqué no me contestas?, ¿estás bien?, ¿estás mareada?, ¿te duele algo del golpe? ¿Oye?-
- Ups. Perdona, estaba pensativa… ¿Qué me preguntabas?-
-Nada, si quieres te dejo sola…-
-Nooooooo, noooooooo ¡por Dios!- dije arrepintiéndome de mi expresividad nada más acabar de articular esas palabras. Seguro que pensaba que estaba loca por él, ¡muy mal! Una chica inteligente, guapa y glamourosa como yo nunca ha de dejar entrever sus sentimientos y menos en las primeras citas. Desde luego parecía una quinceañera. Estaba vulnerando todas las normas del arte del flirteo.
-Perfecto, porque no te iba a dejar sola así como así- dijo él con otra de sus preciosas sonrisas que hizo que mi cara, y algo más…, ardiera como la antorcha olímpica. Podía notar, sin ningún tipo de dudas, que estaba roja como un tomate.
-Por cierto, no nos hemos presentado formalmente. ¿Cómo te llamas?- preguntó dulcemente.
-Me llamo Minerva-
-¡Qué nombre tan fantástico! No hay muchas Minervas por aquí, de hecho eres la primera que conozco…. Eres preciosa. Yo me llamo Arnau, encantado de conocerte Minerva- dijo mientras se acercaba para darme dos besos. Era una presentación con todos sus formalismos. Yo tenía tanto calor en mi cuerpo que parecía la chimenea de la Casa Burés, de hecho pensé que me iba a dar un soponcio porque me notaba el corazón en la zona de las amígdalas.
-Bueno, explícame algo más de ti. ¿Te dedicas a la publicidad?- dijo Arnau mientras le hacía un gesto a un camarero que llevaba una bandeja con bombones y copas de cava. Realmente no podía haber estado más acertado, una copa de cava era lo que más necesitaba en esos momentos, bueno, una o varias…
-Pues no, no me dedico a la publicidad, he venido con unas amigas, una de ellas es íntima del anfitrión-dije intentando parecer lo menos nerviosa posible.
-Bueno, y entonces, ¿a qué te dedicas?- insistió.
-Pues, pues…-dije mientras intentaba inventarme algo creíble. Finalmente atiné a decir:
-Trabajo con Martina Massana en una editorial, somos socias –
-Vaya, ¿con Martina? ¡Qué sorpresa!, ¡somos amigos de la infancia!, ¿cómo os conocisteis? nunca me comentó que tuviera una socia en la editorial…- dijo con cara de extrañado.
Aquella conversación se iba enredando por momentos y veía que en cualquier momento iba a meter la pata hasta el fondo así que decidí cortar por lo sano…
-Oye, yo ya te he contado algo sobre mí, ahora te toca a ti- dije haciéndome la reservada para darme cierto aire de misterio. Por mi experiencia con el sexo masculino sabía perfectamente que a los chicos no les gustan las bocazas pero se morían por las misteriosas.
-Perdona tienes razón, parezco del FBI, sólo quería conocerte un poco más. Espero no haberte contrariado con mis preguntas- me dijo chocando su copa contra la mía en un conato de brindis. Y continuó explicándome más sobre él…
-Soy enólogo de profesión y propietario de varios viñedos y bodegas en la zona del Priorat. ¿Te gusta el vino?-
-Me encanta, siempre que sea bueno… Tengo entendido que el vino del Priorat es de los más cabezones que existen…- ante todo soy una chica sincera y desde luego en mi época el vino del Priorat era de los peorcitos.
-¡Pero bueno! ¿Quién te ha dicho eso? Veo que no conoces mucho este mundillo. Mira, ahora tengo que irme, mañana tengo una cata muy importante en una de mis bodegas; me estoy jugando el máximo reconocimiento posible para la cosecha de este año. Si quieres me das tu móvil y te preparo una visita y una cata particular muy especial, yo me encargaré de todo y luego podrás decirme con conocimiento de causa si los vinos del Priorat son buenos o malos, ¿qué te parece?- dijo cogiéndome la mano.
Pues ¡Claro que quería una cata particular! Pero, ¿qué narices era un móvil?, no osaba decirle nada, no quería que pensara que era una cateta. Por suerte en esos momentos vi a Martina que estaba hablando animadamente con una chica delante de mí, entonces le dije a Arnau :
-Un momento por favor, ahora vengo, tengo que decirle una cosa urgentemente a Martina y no quiero que se me escape, espérame, ¿vale?-
Salí corriendo hacia ella y totalmente fuera de mí le dije en la oreja:
- ¿Qué es un móvil?, ¡vamos dímelo por favor!, ¡me ha dicho que le de mi móvil para quedar con él!- le dije señalándole disimuladamente a Arnau con la mirada.
-¿Estás quedando con Arnau?, ¿de verdad? Pero hija, ¡qué suerte tienes! ¡Poner un pie en la fiesta y llevarse el trofeo! Toma dale este número 688 88 88 88, es mi móvil, dile que has perdido el tuyo porque éste lo tendrá registrado en su agenda a mi nombre…- dijo Martina apuntándome su número de móvil en una servilleta con un pintalabios.
-Gracias, ¡gracias!- le dije a Martina haciendo el gesto de la victoria con los dedos.
-¡Hola! Ya estoy aquí. Mira te doy el móvil de Martina porque el mío lo he perdido, soy un poco despistada…-dije con una caída de pestañas digna de una estrella de Hollywood.
-Perfecto, entonces te llamo al de Martina, ya lo tengo registrado, no te preocupes. Bueno Minerva, encantado de haberte conocido, ha valido la pena venir a esta fiesta. No soy muy amante de estos saraos, me aburren un poco, pero tengo que reconocer que en este me lo he pasado muy bien. En cuanto acabe con lo de la cata te llamo y quedamos- dijo mientras se acercaba para darme dos besos de despedida que me erizaron el vello de todo el cuerpo.
-Adiós Arnau, hasta otra- dije haciéndome la indiferente, cuando en realidad ya estaba contando los segundos que faltaban para volver a quedar con él.
Vi como Arnau se alejaba, y una euforia desbordante me llenaba por completo, la luz del alba entraba por los enormes ventanales del salón y la gente empezaba a desaparecer por momentos. Martina estaba en la otra punta del salón despidiéndose de dos chicos, yo me dirigí hacia ella con la intención de acabar la fiesta.
-¿Martina nos vamos ya?, parece que todo el mundo se va, ya está amaneciendo-
-Sí, estoy cansadísima, madre mía tengo la lengua que casi no me cabe en la boca de tanto que la he ejercitado…Me he encontrado con gente que no veía desde hace siglos. ¿Dónde están Rosa y Rita?, ¿las tienes localizadas?-
-Pues la verdad es que no. A Rita la vi saliendo al jardín con un chico con el que compartían algo más que palabras y Rosa creo que más o menos anda por el mismo camino con otro mozo-
-Venga yo miro por la casa y tu busca en el jardín, nos encontramos aquí dentro de cinco minutos- dijo Martina mientras caminaba en dirección al salón principal.
Salí al jardín y allí no había más que copas vacías y alguna que otra pareja en situación comprometida.
Busqué en todos los rincones y finalmente encontré a Rosa que salía, muy bien acompañada, de una especie de pérgola en la que había unos sofás blancos y una mesilla central con un farolillo. El rincón no podía ser más romántico.
-Hola Rosa, dice Martina que nos vamos a ir ya-
-¿Ya?-dijo con cara de pena.
-Bueno, es que ya está amaneciendo…-
-Sí, sí, de acuerdo- entonces se giró y se despidió de aquel chico rubio con un beso de campeonato. Lo más interesante fue comprobar que el chico en cuestión ¡era extranjero!, de hecho hablaba en inglés y Rosa de inglés no sabía nada de nada… pero ya sabemos que el amor no necesita de palabras.
Rosa y yo nos pusimos a buscar a Rita por todos los rincones. Ni ella ni yo la habíamos visto en prácticamente toda la noche. Como nuestra búsqueda fue infructuosa nos dirigimos al punto donde habíamos quedado con Martina para ver si ella había tenido más suerte.
-Qué, Martina, ¿la has encontrado?- le pregunté.
-¡Qué va! ¡Ni rastro en ninguna parte!-
-¡Anda!, ¡ahora que recuerdo!... La vi salir de la casa con aquel chico de negro con las gafas gigantes, pero pensé que volverían a entrar- dijo Rosa.
-Madre mía, lo que nos faltaba… perder a Rita con lo discreta que es- pensó Rosa en voz alta poniendo cara de sufrimiento.
-¿Cómo? ¿Con un chico de negro con inmensas gafas negras?, ¿y con el pelo rapado casi al cero?-
-Si- contesté con cara de sorpresa.
-¿Sabes quién es?- añadí.
-¡Pues claro que lo sé!, ¡vamos que se ha ido a liar con el más discreto de la fiesta! .Vaya dos se han juntado, Dios mío ya nos podemos preparar…Lo mejor que podemos hacer es irnos a casa y esperar a que llegue. La habrá llevado a dar una vuelta, digámoslo así…-dijo Martina con cara de circunstancias.
–Veremos por dónde sale esto- añadió poniéndose las manos en la cabeza .
Nosotras no entendíamos de qué iba el tema pero estábamos tan cansadas que no quisimos preguntar más, sólo tuvimos fuerzas para meternos en el coche y dejarnos llevar hasta casa. Habían sido muchas emociones para nosotras y ahora sólo necesitábamos descansar.
Durante el trayecto Rosa y yo nos dormimos. Al llegar a casa, Martina dijo que se quedaría a dormir con nosotras porque no estaba nada tranquila por Rita y que prefería estar presente cuando apareciera. La verdad es que se la veía bastante nerviosa. Nosotras conocíamos bien a Rita y sabíamos de sobras que ella siempre era la última en acabar la fiesta, así que nos metimos en la cama y no le dimos mayor importancia al tema…
Cuando estábamos cogiendo el sueño oímos cómo un coche paraba delante de la puerta de casa. Fuimos corriendo a la ventana y efectivamente pudimos ver como Rita bajaba de un coche rojo al volante del cual iba el extraño elemento. Tras despedirse con un beso que no se acababa nunca, Rita se dirigió a la puerta de entrada y cuando intentaba meter la llave en la cerradura, con bastantes fatigas por cierto, Martina abrió la puerta y la hizo entrar de un estirón, muy alterada y mirando en todas las direcciones de la calle como si buscara a algo o a alguien.
-¡Rita por dios!, ¡quedamos en que seríais discretas! ¿Dónde has ido con él?, y lo que es peor, ¿¿¿qué habéis hecho???- dijo Martina con cara de preocupación.
-Pero bueno, ¡qué pasa! Ya soy mayorcita para hacer lo que quiera con quien quiera y donde quiera, ¿no crees? Además hemos sido muy discretos, de verdad- contestó Rita mientras se le escapaba una sonrisa pícara por debajo de la nariz.
-Si seguro que habéis sido muy discretos… ¿Sabes quién es él? ¿Os ha perseguido alguien? No tienes ni idea de dónde te puedes haber metido- dijo Martina haciendo aspavientos.
Tras la tensa escena, Martina nos explicó que el individuo con el que Rita se había estado divirtiendo era un tal Borja Mefisto, exitoso publicista que se había convertido en “famoso” por ser el miembro del jurado más chulesco y déspota de un programa de televisión en el que se elegía al mejor cantante de canto gregoriano de España. Martina nos explicó que desde que se había convertido en una celebridad su vida era un escaparate y que no había semana en la que no saliera en la portada de alguna revista del corazón con un nuevo escándalo real o inventado.
-¿Entiendes el porqué del interrogatorio?, piensa que decenas de paparazzis siguen todos sus movimientos a la caza de cualquier foto susceptible de ser publicada con un titular escandaloso…- le dijo Martina a Rita y ésta se quedó sin habla durante unos segundos. Tras el breve silencio nos contó la “escapada” obviando datos que realmente no era necesario relatar.
-Madre mía, ahora entiendo su insistencia en salir de la fiesta con tanta precaución y secretismo… pensaba que su forma de actuar se debía a que estaba casado, pero veo que no iban por ahí los tiros. La verdad es que no profundizamos mucho en nuestras biografías, sólo sé de él que se llama Borja y poca cosa más, nuestro diálogo fue totalmente banal, bueno, y erótico festivo. A ver, antes de salir de la casa nos agenciamos una botella de cava y dos copas y entonces cogimos el coche y me llevó a un mirador muy romántico desde el que se veía toda Barcelona, y bueno lo que sigue no es muy original, ya os lo podéis imaginar…-dijo Rita con cara de sorpresa, y añadió:
–Yo no vi ningún pizpirazi, ¿se dice así?, ¿deduzco que son fotógrafos, no?; aunque tengo que confesarte que tampoco estaba en situación de percatarme de su presencia-
-Esperemos que así sea y que esto no trascienda porque si la prensa del corazón no sabe de dónde has salido, te inventarán un pasado, el que más les convenga, y te aseguro que tu vida, y por extensión la nuestra, será un infierno. Nos perseguirán a todas partes intentarán averiguar a qué te dedicas y todo lo que puedan de tu día a día y nuestros planes para saber el cómo y el porqué habéis llegado aquí se volverán muy muy difíciles- dijo muy seria Martina.
Nos fuimos a la cama realmente preocupadas, pero el cansancio hizo que el sueño nos venciera rápidamente, mañana sería otro día.
Cuando acabamos de arreglarnos estábamos realmente despampanantes, ¡impresionantes! A las nueve y media, como un reloj, el claxon del coche de Martina nos avisó de que nos estaba esperando en la puerta. Salimos corriendo, estábamos nerviosas e ilusionadas por saber cómo eran las fiestas del siglo XXI, y como no, los chicos.
-¡Martina!, creo que podríamos coger mi coche. ¿Qué te parece?- dije mientras cerraba la puerta de casa.
-Bueno, por mi encantada, pero eso sí, conduzco yo...-contestó Martina.
-¡Perfecto!, todo tuyo- asentí lanzándole las llaves al vuelo.
Nos montamos las cuatro en el coche, hacía una noche preciosa , la luna llena iluminaba la carretera, y nos dirigimos hacia Vallvidrera, un pueblo cerca de Barcelona donde veraneaban algunos de nuestros amigos.
-¿La fiesta es en Vallvidrera?, ¡magnífico! Un lugar precioso para hacer una fiesta, tu amigo tiene muy buen gusto, esto pinta muy bien- sonreí satisfecha pensando en la larga noche que nos esperaba.
-Ya lo creo, ¡qué maravilla! ¿Habrá mucha gente en la fiesta?, ¿y de chicos?, ¿cómo está el tema?- preguntó Rita con una sonrisa picarona mientras se colocaba coquetamente las ondas doradas de su melena.
-Sí, me comentó que seríamos unas trescientas personas. La casa es preciosa y enorme, tiene unas vistas a Barcelona espectaculares. Os va a encantar. Además tiene un jardín con una piscina impresionante, siempre hay alguien que acaba un poco perjudicado en remojo. Nos lo pasaremos muy bien Pere es muy buen anfitrión y sus fiestas siempre son memorables-
Cuando llegamos a la casa nos quedamos maravilladas, era realmente tan preciosa como nos la había pintado Martina. Había gente por todas partes, pero como era tan grande no se tenía sensación de aglomeración. Cuatro hombres fornidos y grandes como armarios flanqueaban la puerta de hierro forjado de la verja de acceso, parando a todos los coches que llegaban. Unos aparcacoches se encargaban de acomodar toda la flota de coches estrafalarios, por lo menos a nuestro parecer, que iban llegando en procesión.
-Buenas noches, su invitación por favor- dijo uno de aquellos gigantes.
-Hola, buenas noches, mire- dijo Martina enseñándole una tarjeta.
-Perfecto, bienvenidas y que pasen una buena velada- añadió amablemente el chico.
Entonces Martina paró el coche y uno de los aparcacoches vino rápidamente dónde estábamos. Bajamos de mi preciado vehículo y miré con recelo como Martina le entregaba las llaves.
-Haga el favor de tratar este coche con el máximo mimo, no consentiré que le haga la más mínima raya…-dije con tono inquisitivo.
-Minerva, tranquila, que está acostumbrado a tratar con coches de lujo, ¿no ves qué coches hay aparcados?- me espetó Martina haciéndole una ridícula mueca al aparcacoches.
-Sólo es un aviso-dije mirando al chico desafiante.
-Tranquila señora. A su coche no le pasará nada, lo trataré como si fuera el mío propio- dijo mientras añadía en voz baja:
-Estas pijas son insoportables, de buena gana le pinchaba las ruedas a ver si volvía en burro a su mansión…-
-¡Pero qué dice elemento!- dije acalorada.
-Nada, señorita, que para mí es una satisfacción que una distinguida dama como usted le confíe a un don nadie como yo algo tan preciado como su majestuoso vehículo- añadió con una sonrisa de cera.
-¡Venga, calla ya Minerva y entremos en la casa!- dijo Rita impaciente por entrar, viendo que la situación se alargaba tontamente.
-¡Si venga!-asintió Rosa muy ilusionada.
Una chica muy amable nos acompañó hasta una estancia inmensa donde se concentraba gran cantidad de gente. Había decenas de camareros que iban arriba y abajo con bandejas de “suculenta” comida y bebida.
Un risueño camarero se acercó a nosotras invitándonos a tomar una copa de cava de la bandeja que llevaba, con gran maestría por cierto, entre aquel hervidero humano; no nos pudimos resistir, estaba fresco y ¡en su punto!
Martina no paraba de saludar a gente, a cada paso que daba tenía que pararse a hablar, se notaba que estaba en su salsa, y nosotras tres, cotillas y deseosas de ver lo que se cocía en todas las estancias, decidimos ir a inspeccionar por nuestra cuenta.
En nuestra prospección, decenas de camareros nos asaltaban a nuestro paso ofreciéndonos extrañas comidas que, ante nuestra sorpresa, describían minuciosamente...
-Buenas noches señoritas, ¿les apetece probar estas pepitas de melón con deconstrucción de ajo sobre una nube de pimiento del piquillo relleno de quicos macerados al aceite de orégano cultivado en los cerros de la Patagonia en tostada de centeno?-
Las tres nos quedamos anonadadas. Mientras el pobre camarero trataba de recuperar la respiración tras la retahíla, nosotras intentábamos adivinar dónde demonios veía todo eso. Nosotras simplemente veíamos una tostada con una masa verde, del tamaño de una lenteja, salpicada con gotas rojas. ¿Qué narices significaba deconstrucción de ajo?
-Mire, lo probaremos, claro que sí, aunque sólo sea por el esfuerzo explicativo- le dije al camarero sonriéndole.
Las tres alargamos la mano y tomamos una de aquellas “tostadas”. Lo cierto es que no estaba mal, pero con total seguridad, nosotras hubiéramos preferido unos simples vol-au-vents rellenos de caviar, mucho más exquisitos y con menos parafernalia narrativa...
No habíamos conseguido dar dos pasos seguidos cuando otro camarero se acercó a nosotras y entonces Rita, antes de que pudiera abrir la boca, le dijo:
- A ver chico, no nos expliques más rollos, dinos dónde está el caviar, el marisco y el foie y estos “lo que sea” los dejas para los caballos-
-Pues creo que no hay, no me consta que el señor Ferràn Adrià incluyera caviar o marisco en el menú. Si quiere puedo preguntarlo en cocina...-le contestó educadamente el camarero.
-No seas estúpida Rita, el pobre chico sólo quiere ser amable- le reprochó Rosa.
-Sí, muy amable pero ¡yo tengo hambre!- se descaró Rita sacando el mal genio que le producía el hambre.
-Venga vamos a por otra copa de cava fresquito que tengo sed” dije mientras me dirigía hacia otro camarero que transportaba una bandeja llena a rebosar de copas.
Fuimos comiendo, con mayor o menor fortuna, algunos de los “manjares” que nos iban ofreciendo los camareros. En el salón tocaba una banda de jazz, me gustaba esa música traída de los Estados Unidos, desde luego había sido un auténtico éxito porque seguía vigente en el siglo XXI.
La verdad es que en la fiesta no desentonábamos en absoluto porque había gente y “pintas” para todos los gustos. La nota dominante en el ambiente era el esnobismo. Había chicos de etiqueta, pero también había chicos vestidos de forma grotesca con unos pantalones horrendos, gigantes, con la bragueta a la altura de la rodilla enseñando los calzoncillos. Otros lucían pantalones gastadísimos al más puro estilo zarrapastroso. Otros exhibían grandes nombres escritos en cada milímetro de tela: Giorgio Armani, Prada, Gucci …mientras otros iban vestidos con trajes de colores chillones, de tan mal gusto, que parecían disfraces dignos de bufones de la corte. Pero si los chicos vestían así, las chicas no se quedaban atrás en absoluto... Las había con trajes preciosísimos, pero también las había con unas faldas tan cortas como un fajín, con piernas como alambres, el pelo estropajoso y oxigenado hasta la médula y tan morenas de piel que parecía que se habían pasado todo el día arando a pleno sol. Otras féminas llevaban escotes tan pronunciados que no tenían dejaban nada a la imaginación. Por más de un escote asomaban dos pelotas redondas desmesuradas a modo de senos, ¡qué vulgaridad! Desde luego, si una cosa teníamos segura, es que éramos de las mejor vestidas y maquilladas de la fiesta. No cabía duda alguna. Pero no fuimos las únicas en darnos cuenta, como pudimos advertir por las miradas de odio que nos dedicaban algunas de las invitadas y por la cara de embobados de muchos de los asistentes de sexo masculino. Pero a todo esto ya estábamos acostumbradas y nos encantaba que así fuera. Por suerte, hay cosas que no cambian con el paso del tiempo…
Durante toda la velada se proyectaban en una pared imágenes y mini películas, sin sentido y sin argumento aparente, que se repetían una y otra vez y que, por lo que pudimos oír de conversaciones que cazábamos al vuelo, eran los anuncios de la agencia de publicidad del amigo de Martina, que habían sido galardonados en diferentes certámenes.
Rita empezaba a estar muy animada, ayudada por las copas de cava que llevaba en su cuerpo, pero no era la única. A medida que avanzaba la noche la gente se iba desatando y el tono de la fiesta iba subiendo por momentos.
Tras los agradecimientos que el amigo de Martina manifestó a los presentes con la ayuda de un micrófono, las luces se apagaron y de la oscuridad surgieron un montón de luces de colores que giraban y se movían frenéticamente de un lado al otro mientras una música horrenda y a un volumen ensordecedor empezó a sonar por toda la casa. Entonces la gente empezó a enloquecer moviéndose de forma extraña, como si tuvieran espasmos, o les estuvieran pisando el juanete sin piedad. Desde luego vaya forma de “bailar” más extraña algunos parecían talmente aprendices de polluelo moviendo los brazos como si estuvieran a punto de volar por primera vez.
Nosotras deducimos que había acabado la cena y empezaba la fiesta loca. Rita ya estaba dale que te pego dando pasos de charleston. Lo que no podíamos entender es cómo podía hacer coincidir los pasos con el ritmo de la espantosa música que sonaba... sin duda demostró una vez más que era una bailarina de primera. Rosa y yo también decidimos dejar de observar y pasar a la acción pegándonos una buena sesión de baile.
Al cabo del rato me percaté de que un chico vestido todo de negro con unas enormes gafas oscuras que le ocupaban media cara, pelado casi al cero y con cara de estreñido, no le quitaba el ojo de encima a Rita... Tengo que decir que esto no me sorprendió demasiado, de hecho ya estábamos acostumbradas a que a Rita no le quitaran el ojo de encima, porque, además de muy guapa, no era precisamente lo que se dice discreta... Lo que realmente me inquietaba era la chulería y la actitud insolente del “pretendiente”.
El tipo en cuestión se decidió a atacar. Se acercó a Rita y le dijo algo al oído. Lo cierto es que no tenía ninguna gracia aparente, de hecho ni bailaba, pero se ve que en cuestión de palique iba sobrado porque Rita no dejaba de reír como una loca ante cada comentario del tremendo elemento.
Nosotras decidimos seguir a lo nuestro, es decir, a bailar, y no pasaron ni tres minutos hasta que fuimos abordadas por sendos muchachos que, la verdad, no estaban nada mal.
-Hola preciosa, ¿cómo te llamas?, ¿estudias o trabajas?, ¿estudias o diseñas? Eres la luz de la fiesta, ¡me has dejado deslumbrado!- dijo el que probó suerte conmigo.
En un principio pensé que el chico no estaba nada mal físicamente, pero tenía menos gracia que los chistes de mi tío Josep y más rollo que una persiana…
-Hola, me llamo Minerva. De verdad, ¿te interesa realmente si estudio o trabajo? ¿A qué te refieres exactamente con lo de si estudio o diseño?-
-Chica, es un decir, una forma de romper el hielo...- contestó intentando hacerse el gracioso. Su sonrisa dejó al descubierto una colección de dientes que habría dado muy buen resultado en la venta de un equino.
-Bueno, cuidado con el hielo, ya sabes lo que le pasó al Titanic...- le solté deseando quitármelo de encima lo antes posible porque su conversación y su aliento de beodo fumador no me resultaban precisamente apetecibles.
-Ya veo que he topado con una chica dura. Me gustan los retos.- dijo el pobre iluso.
-¿Si? Pues vamos a ver si superas tú mi reto… Para tu información ni estudio ni trabajo en algo en concreto. Suelo hacer lo que me da la gana en todo momento y, por cierto, ¿cómo te llamas?, ¿a qué te dedicas?, ¿a qué aspiras?, ¿cuánto cobras?, ¿de qué familia eres hijo? Yo lo que busco es un padre para mis hijos- le pregunté como una ametralladora, casi sin dejarle abrir la boca. Lo de buscar un “padre para mis hijos” era un treta fantástica para quitarse moscones de encima.
- Me llamo Emili, pero todos me llaman Mili. Trabajo como creativo en la famosa agencia Pessat. En cuanto a lo que aspiro, es a que echen a mi jefe directo para quedarme con su puesto, de hecho estoy intentando idear cómo, y por lo demás ganar mucha pasta y trabajar poco, vaya eso contesta también a tu pregunta de cuánto cobro… En fin, aspiro a lo que casi todo el mundo en el sector. Y sobre tu pregunta de qué familia soy hijo, pues te diré que mi padre es dueño del bufete de abogados más prestigioso de la ciudad, el bufete Cincocasas, ¿lo conoces?, no sabes la de pasta que te ahorrarías en abogados si salieras conmigo. ¿Lo de ser el padre de tus hijos?, encantado, siempre y cuando firmemos un acuerdo prematrimonial…- dijo aquel plasta que parecía tener respuestas para todo.
-Vaya, vaya... y tu porqué no te dedicas a la abogacía, ¿si se puede saber?-
-Pues porque a mí me gusta más la vida bohemia, el riesgo, las fiestas, la aventura, es decir todo lo contrario al mundo encorsetado de la abogacía- dijo Emili acercándose a mi peligrosamente; sus brazos empezaban a parecerme, cada vez más, largos tentáculos cefalópodos…
-Perdona pero no creo que tengamos demasiado en común, mejor no perdamos el tiempo. ¡Arrivederci Emili!- le dije girándome buscando a Rosa y Rita con la mirada.
-¡Pero Minerva, vuelve!, ¡si nos acabamos de conocer! Vamos no seas cruel, ¡dame una oportunidad!...-oí mientras me alejaba de él. La verdad es que Mili no me interesaba en absoluto, entonces ¿para qué iba a perder el tiempo?, ya había oído suficiente.
De Rita no había ni rastro y cuando por fin localicé a Rosa vi que estaba muy bien acompañada por un chico alto, rubio y exquisitamente vestido. Los dos estaban inmersos en una conversación que, a juzgar por sus caras y su lenguaje corporal, debía ser de lo más interesante, pobre Narcís, ¡qué cuernos le empezaban a asomar!...Ante tal situación decidí seguir cotilleando por la fiesta y de paso tomarme algo.
Mientras esperaba que uno de los camareros me sirviera me dediqué a fijarme en lo que tomaba la gente de aquella época, había infinidad de marcas y bebidas diferentes. Entre los típicos whiskys con hielo, copas de cava, gin tonic y cuba libre, me llamó la atención un combinado que pidió una chica, un tal Pitbull con whisky. Por un momento decidí dejar de lado mi adorado cava y pedirme uno de aquellos combinados para ver qué tal:
-Hola, ¿me sirve un Pitbull con whisky?-
El camarero puso hielo en el vaso añadió el whisky y después cogió uno de aquellos cilindros coloridos que contenían el tal Pitbull y tras abrirlo acabó de rellenar el vaso.
Pegué un pequeño sorbo, el sabor me pareció repugnante, pero decidí darle otra oportunidad y volví a tomar otro pequeño sorbo que ya no me supo tan mal. Cuando me di cuenta ya me había tomado tres combinados enteros y me sentía mejor que nunca. Una euforia increíble empezó a sacudir mi cuerpo, pensé que aquello debería parecerse, y mucho, al Néctar de los dioses. Cuando me di cuenta estaba bailando como una loca, y la música que antes me parecía horrible ahora me encantaba. En uno de mis breves descansos para recobrar el aliento pude ver cómo Rita estaba tomando contacto físico con el tremendo individuo sin cualidades aparentes. Para mis adentros pensé que tal y como veía a Rita de emocionada, más de una virtud oculta debía de tener porque ella no se liaba con cualquiera…al final del largo intercambio de fluidos bucales decidieron salir al jardín y ya les perdí la pista.
Tras la intensa sesión de baile y viendo cómo Mili me había localizado y se acercaba a toda velocidad esquivando a la gente con gran pericia, decidí salir en estampida hacia la toilette, allí podría retocarme el maquillaje, que ya debía estar un poco perjudicado, y de paso despistarle. En mi huída desesperada choqué contra un chico de forma estrepitosa, caímos los dos al suelo y encima le puse chorreando con mi bebida.
-¡Perdonaaa! Madre mía… no te había visto- le dije totalmente ruborizada mientras me recolocaba el tocado con una mano y me bajaba el vestido con la otra.
-No te preocupes, no pasa nada. ¿Dónde vas tan rápida? ¿A caso te persigue el lobo?- preguntó con una sonrisa preciosa que me dejó k.o.
-Más o menos…- dije mirando hacia atrás, pero era demasiado tarde, Mili me había localizado.
-No me digas que Mili te está tirando los trastos…- me dijo guiñándome uno de sus enormes y preciosos ojos verdes.
-Vaya, ¿le conoces?-
-¿Y quién no le conoce? Es el tío más pesado y empalagoso de toda Barcelona. Ven yo te rescataré- añadió pasándome su brazo por encima del hombro. Yo ante semejante Adonis, no tuve ningún reparo en que lo hiciera y Mili al ver la escena desistió en sus intenciones y empezó a atacar a una chica pelirroja que tenía al lado…desde luego no perdía el tiempo.
Aquel chico y yo nos dirigimos al jardín, la verdad es que casi no podía ni mirarle de tanto que me gustaba, y yo iba pensando para mis adentros…”¡Pero qué te pasa Minerva!, tienes al lado al chico más guapo y más agradable que has visto en tu vida y ¿¿¿te quedas muda??? ¿Quieres que piense que eres una mojigata? ¡Venga espabila cenutria o se te escapa!”
Realmente mientras pensaba esto debía de poner cara de tránsito místico porque cuando volví en mí oí cómo aquel chico decía:
-Perdona, ¿porqué no me contestas?, ¿estás bien?, ¿estás mareada?, ¿te duele algo del golpe? ¿Oye?-
- Ups. Perdona, estaba pensativa… ¿Qué me preguntabas?-
-Nada, si quieres te dejo sola…-
-Nooooooo, noooooooo ¡por Dios!- dije arrepintiéndome de mi expresividad nada más acabar de articular esas palabras. Seguro que pensaba que estaba loca por él, ¡muy mal! Una chica inteligente, guapa y glamourosa como yo nunca ha de dejar entrever sus sentimientos y menos en las primeras citas. Desde luego parecía una quinceañera. Estaba vulnerando todas las normas del arte del flirteo.
-Perfecto, porque no te iba a dejar sola así como así- dijo él con otra de sus preciosas sonrisas que hizo que mi cara, y algo más…, ardiera como la antorcha olímpica. Podía notar, sin ningún tipo de dudas, que estaba roja como un tomate.
-Por cierto, no nos hemos presentado formalmente. ¿Cómo te llamas?- preguntó dulcemente.
-Me llamo Minerva-
-¡Qué nombre tan fantástico! No hay muchas Minervas por aquí, de hecho eres la primera que conozco…. Eres preciosa. Yo me llamo Arnau, encantado de conocerte Minerva- dijo mientras se acercaba para darme dos besos. Era una presentación con todos sus formalismos. Yo tenía tanto calor en mi cuerpo que parecía la chimenea de la Casa Burés, de hecho pensé que me iba a dar un soponcio porque me notaba el corazón en la zona de las amígdalas.
-Bueno, explícame algo más de ti. ¿Te dedicas a la publicidad?- dijo Arnau mientras le hacía un gesto a un camarero que llevaba una bandeja con bombones y copas de cava. Realmente no podía haber estado más acertado, una copa de cava era lo que más necesitaba en esos momentos, bueno, una o varias…
-Pues no, no me dedico a la publicidad, he venido con unas amigas, una de ellas es íntima del anfitrión-dije intentando parecer lo menos nerviosa posible.
-Bueno, y entonces, ¿a qué te dedicas?- insistió.
-Pues, pues…-dije mientras intentaba inventarme algo creíble. Finalmente atiné a decir:
-Trabajo con Martina Massana en una editorial, somos socias –
-Vaya, ¿con Martina? ¡Qué sorpresa!, ¡somos amigos de la infancia!, ¿cómo os conocisteis? nunca me comentó que tuviera una socia en la editorial…- dijo con cara de extrañado.
Aquella conversación se iba enredando por momentos y veía que en cualquier momento iba a meter la pata hasta el fondo así que decidí cortar por lo sano…
-Oye, yo ya te he contado algo sobre mí, ahora te toca a ti- dije haciéndome la reservada para darme cierto aire de misterio. Por mi experiencia con el sexo masculino sabía perfectamente que a los chicos no les gustan las bocazas pero se morían por las misteriosas.
-Perdona tienes razón, parezco del FBI, sólo quería conocerte un poco más. Espero no haberte contrariado con mis preguntas- me dijo chocando su copa contra la mía en un conato de brindis. Y continuó explicándome más sobre él…
-Soy enólogo de profesión y propietario de varios viñedos y bodegas en la zona del Priorat. ¿Te gusta el vino?-
-Me encanta, siempre que sea bueno… Tengo entendido que el vino del Priorat es de los más cabezones que existen…- ante todo soy una chica sincera y desde luego en mi época el vino del Priorat era de los peorcitos.
-¡Pero bueno! ¿Quién te ha dicho eso? Veo que no conoces mucho este mundillo. Mira, ahora tengo que irme, mañana tengo una cata muy importante en una de mis bodegas; me estoy jugando el máximo reconocimiento posible para la cosecha de este año. Si quieres me das tu móvil y te preparo una visita y una cata particular muy especial, yo me encargaré de todo y luego podrás decirme con conocimiento de causa si los vinos del Priorat son buenos o malos, ¿qué te parece?- dijo cogiéndome la mano.
Pues ¡Claro que quería una cata particular! Pero, ¿qué narices era un móvil?, no osaba decirle nada, no quería que pensara que era una cateta. Por suerte en esos momentos vi a Martina que estaba hablando animadamente con una chica delante de mí, entonces le dije a Arnau :
-Un momento por favor, ahora vengo, tengo que decirle una cosa urgentemente a Martina y no quiero que se me escape, espérame, ¿vale?-
Salí corriendo hacia ella y totalmente fuera de mí le dije en la oreja:
- ¿Qué es un móvil?, ¡vamos dímelo por favor!, ¡me ha dicho que le de mi móvil para quedar con él!- le dije señalándole disimuladamente a Arnau con la mirada.
-¿Estás quedando con Arnau?, ¿de verdad? Pero hija, ¡qué suerte tienes! ¡Poner un pie en la fiesta y llevarse el trofeo! Toma dale este número 688 88 88 88, es mi móvil, dile que has perdido el tuyo porque éste lo tendrá registrado en su agenda a mi nombre…- dijo Martina apuntándome su número de móvil en una servilleta con un pintalabios.
-Gracias, ¡gracias!- le dije a Martina haciendo el gesto de la victoria con los dedos.
-¡Hola! Ya estoy aquí. Mira te doy el móvil de Martina porque el mío lo he perdido, soy un poco despistada…-dije con una caída de pestañas digna de una estrella de Hollywood.
-Perfecto, entonces te llamo al de Martina, ya lo tengo registrado, no te preocupes. Bueno Minerva, encantado de haberte conocido, ha valido la pena venir a esta fiesta. No soy muy amante de estos saraos, me aburren un poco, pero tengo que reconocer que en este me lo he pasado muy bien. En cuanto acabe con lo de la cata te llamo y quedamos- dijo mientras se acercaba para darme dos besos de despedida que me erizaron el vello de todo el cuerpo.
-Adiós Arnau, hasta otra- dije haciéndome la indiferente, cuando en realidad ya estaba contando los segundos que faltaban para volver a quedar con él.
Vi como Arnau se alejaba, y una euforia desbordante me llenaba por completo, la luz del alba entraba por los enormes ventanales del salón y la gente empezaba a desaparecer por momentos. Martina estaba en la otra punta del salón despidiéndose de dos chicos, yo me dirigí hacia ella con la intención de acabar la fiesta.
-¿Martina nos vamos ya?, parece que todo el mundo se va, ya está amaneciendo-
-Sí, estoy cansadísima, madre mía tengo la lengua que casi no me cabe en la boca de tanto que la he ejercitado…Me he encontrado con gente que no veía desde hace siglos. ¿Dónde están Rosa y Rita?, ¿las tienes localizadas?-
-Pues la verdad es que no. A Rita la vi saliendo al jardín con un chico con el que compartían algo más que palabras y Rosa creo que más o menos anda por el mismo camino con otro mozo-
-Venga yo miro por la casa y tu busca en el jardín, nos encontramos aquí dentro de cinco minutos- dijo Martina mientras caminaba en dirección al salón principal.
Salí al jardín y allí no había más que copas vacías y alguna que otra pareja en situación comprometida.
Busqué en todos los rincones y finalmente encontré a Rosa que salía, muy bien acompañada, de una especie de pérgola en la que había unos sofás blancos y una mesilla central con un farolillo. El rincón no podía ser más romántico.
-Hola Rosa, dice Martina que nos vamos a ir ya-
-¿Ya?-dijo con cara de pena.
-Bueno, es que ya está amaneciendo…-
-Sí, sí, de acuerdo- entonces se giró y se despidió de aquel chico rubio con un beso de campeonato. Lo más interesante fue comprobar que el chico en cuestión ¡era extranjero!, de hecho hablaba en inglés y Rosa de inglés no sabía nada de nada… pero ya sabemos que el amor no necesita de palabras.
Rosa y yo nos pusimos a buscar a Rita por todos los rincones. Ni ella ni yo la habíamos visto en prácticamente toda la noche. Como nuestra búsqueda fue infructuosa nos dirigimos al punto donde habíamos quedado con Martina para ver si ella había tenido más suerte.
-Qué, Martina, ¿la has encontrado?- le pregunté.
-¡Qué va! ¡Ni rastro en ninguna parte!-
-¡Anda!, ¡ahora que recuerdo!... La vi salir de la casa con aquel chico de negro con las gafas gigantes, pero pensé que volverían a entrar- dijo Rosa.
-Madre mía, lo que nos faltaba… perder a Rita con lo discreta que es- pensó Rosa en voz alta poniendo cara de sufrimiento.
-¿Cómo? ¿Con un chico de negro con inmensas gafas negras?, ¿y con el pelo rapado casi al cero?-
-Si- contesté con cara de sorpresa.
-¿Sabes quién es?- añadí.
-¡Pues claro que lo sé!, ¡vamos que se ha ido a liar con el más discreto de la fiesta! .Vaya dos se han juntado, Dios mío ya nos podemos preparar…Lo mejor que podemos hacer es irnos a casa y esperar a que llegue. La habrá llevado a dar una vuelta, digámoslo así…-dijo Martina con cara de circunstancias.
–Veremos por dónde sale esto- añadió poniéndose las manos en la cabeza .
Nosotras no entendíamos de qué iba el tema pero estábamos tan cansadas que no quisimos preguntar más, sólo tuvimos fuerzas para meternos en el coche y dejarnos llevar hasta casa. Habían sido muchas emociones para nosotras y ahora sólo necesitábamos descansar.
Durante el trayecto Rosa y yo nos dormimos. Al llegar a casa, Martina dijo que se quedaría a dormir con nosotras porque no estaba nada tranquila por Rita y que prefería estar presente cuando apareciera. La verdad es que se la veía bastante nerviosa. Nosotras conocíamos bien a Rita y sabíamos de sobras que ella siempre era la última en acabar la fiesta, así que nos metimos en la cama y no le dimos mayor importancia al tema…
Cuando estábamos cogiendo el sueño oímos cómo un coche paraba delante de la puerta de casa. Fuimos corriendo a la ventana y efectivamente pudimos ver como Rita bajaba de un coche rojo al volante del cual iba el extraño elemento. Tras despedirse con un beso que no se acababa nunca, Rita se dirigió a la puerta de entrada y cuando intentaba meter la llave en la cerradura, con bastantes fatigas por cierto, Martina abrió la puerta y la hizo entrar de un estirón, muy alterada y mirando en todas las direcciones de la calle como si buscara a algo o a alguien.
-¡Rita por dios!, ¡quedamos en que seríais discretas! ¿Dónde has ido con él?, y lo que es peor, ¿¿¿qué habéis hecho???- dijo Martina con cara de preocupación.
-Pero bueno, ¡qué pasa! Ya soy mayorcita para hacer lo que quiera con quien quiera y donde quiera, ¿no crees? Además hemos sido muy discretos, de verdad- contestó Rita mientras se le escapaba una sonrisa pícara por debajo de la nariz.
-Si seguro que habéis sido muy discretos… ¿Sabes quién es él? ¿Os ha perseguido alguien? No tienes ni idea de dónde te puedes haber metido- dijo Martina haciendo aspavientos.
Tras la tensa escena, Martina nos explicó que el individuo con el que Rita se había estado divirtiendo era un tal Borja Mefisto, exitoso publicista que se había convertido en “famoso” por ser el miembro del jurado más chulesco y déspota de un programa de televisión en el que se elegía al mejor cantante de canto gregoriano de España. Martina nos explicó que desde que se había convertido en una celebridad su vida era un escaparate y que no había semana en la que no saliera en la portada de alguna revista del corazón con un nuevo escándalo real o inventado.
-¿Entiendes el porqué del interrogatorio?, piensa que decenas de paparazzis siguen todos sus movimientos a la caza de cualquier foto susceptible de ser publicada con un titular escandaloso…- le dijo Martina a Rita y ésta se quedó sin habla durante unos segundos. Tras el breve silencio nos contó la “escapada” obviando datos que realmente no era necesario relatar.
-Madre mía, ahora entiendo su insistencia en salir de la fiesta con tanta precaución y secretismo… pensaba que su forma de actuar se debía a que estaba casado, pero veo que no iban por ahí los tiros. La verdad es que no profundizamos mucho en nuestras biografías, sólo sé de él que se llama Borja y poca cosa más, nuestro diálogo fue totalmente banal, bueno, y erótico festivo. A ver, antes de salir de la casa nos agenciamos una botella de cava y dos copas y entonces cogimos el coche y me llevó a un mirador muy romántico desde el que se veía toda Barcelona, y bueno lo que sigue no es muy original, ya os lo podéis imaginar…-dijo Rita con cara de sorpresa, y añadió:
–Yo no vi ningún pizpirazi, ¿se dice así?, ¿deduzco que son fotógrafos, no?; aunque tengo que confesarte que tampoco estaba en situación de percatarme de su presencia-
-Esperemos que así sea y que esto no trascienda porque si la prensa del corazón no sabe de dónde has salido, te inventarán un pasado, el que más les convenga, y te aseguro que tu vida, y por extensión la nuestra, será un infierno. Nos perseguirán a todas partes intentarán averiguar a qué te dedicas y todo lo que puedan de tu día a día y nuestros planes para saber el cómo y el porqué habéis llegado aquí se volverán muy muy difíciles- dijo muy seria Martina.
Nos fuimos a la cama realmente preocupadas, pero el cansancio hizo que el sueño nos venciera rápidamente, mañana sería otro día.



12 comentarios:
Consogra!!!!!!Que sempre ens deixes amb l'intringulis!!!!!!!
petonassos!!!!!!!!
que bonita!!!!! feliz finde semana muaks
Pues no sé, pero como tenga que espera tanto tiempo como nosotras para verla, le va a dar un ataque, menos mal que se deja de vez en cuando!!!....bss
Que preciosidad, entre las orquideas me tienes intrigada que espera????????
¡Qué intriga! ¿Habrá sorpresa? Estaré atenta.
Un abrazo.
Preciosa la Minerva entre esas orquídeas...
Uhmmmmmmmm
Que bonita se ve! Un besazo guapa
es preciosa!!
Me encantan las orquideas, y me parece que desde ya me van a encantar las Minervas.
Por cierto por si te apetece pasar, estoy de sorteo en mi taller.
Saludos
Es una dulzura!
Zepequeña.
¡¡Hola!!, ¿Tienes facebook? tengo un sorteo en mi blog "El Rincon de Angy" de un broche y algunas cosillas más. ¡Apúntate!!
Olá!
Adorei.No mês de Maio estive na sua Bela e Querida Espanha. Seu blog é ótimo.
Espero sua visita.
beijo
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