PON UNA MINERVA EN TU VIDA!

Sabes que Barcelona esconde un secreto?
Conoce a las Minervas y lo descubrirás...


Si eres de las que están hasta las narices de la crisis, la recesión, el paro y todas las fantásticas noticias que nos regalan cada día los telediarios, ¡pásate al universo paralelo de las Minervas!
¿Piensas que vives en un piso de un edificio decrépito que sólo tiene de nuevo los intereses del euribor? ¡Quizás te equivocas! y tu piso es mucho más de lo que crees y esconde increíbles secretos...
Mira la vida desde otra prespectiva llena de humor, fantasía, magia y glamour. ¡Pon las Minervas en tu vida!
Si buscas la calidad literaria de El Quijote o la pericia narrativa de Gabo, ¡no leas esta historia! :-) pero si quieres pasar un buen rato en la playa, en el metro o en un parque ¡leela! y recuerda que en muchas ocasiones la realidad supera a la ficción...
Además, quien sabe si quizás seas una de las afortunadas que pueda lucir una Minerva en su solapa ;-)

martes, 12 de abril de 2011

Capítulo 10: El jardín prodigioso (II PARTE)

-Un momento, noto algo extraño en el bolso- dije abriéndolo. Mi sorpresa fue suprema al ver cómo la muñequita del broche movía sus brazos señalando el fondo del portal, exactamente donde había el habitáculo de la portera. -¡Mirad se mueve!- dije con cara de sorpresa. Martina, Rosa y Rita vinieron rápidamente a ver la curiosa escena. Todas nos quedamos totalmente anonadadas ante el pequeño prodigio. -¡Es cierto y señala hacia allí!- dijo Rita exaltada. -Venga, vayamos hacia el habitáculo de la portera a ver qué nos quiere decir la muñequita- añadió Martina mientras se dirigía, sin pensárselo dos veces, hacia la bonita portería. Una vez allí intentó abrir la puerta acristalada pero no pudo porque estaba cerrada con llave. Rosa, que como ya he dicho muchas veces es una auténtica manitas usó una de sus horquillas para intentar abrir la cerradura y, ¡cómo no!, lo consiguió. El habitáculo era realmente pequeño, de hecho no cabíamos las cuatro, así que decidimos hacer turnos para inspeccionarlo. En un primer turno Martina y Rita, ansiosas perdidas, se encargaron de revisar lo más detenidamente posible la diminuta habitación, mientras Rosa y yo vigilábamos que ningún vecino nos pillara in fraganti. Su búsqueda fue totalmente infructuosa, así que entramos Rosa y yo. Se me ocurrió sacar la muñeca por si nos quería “decir” algo más, y sí, empezó a señalar con su pequeña manita el suelo situado bajo una antigua mesa camilla. Martina se tiró al suelo como si le fuera la vida. Apartó el mantel y la alfombra de debajo. A juzgar por los dedos de polvo que escondía llegamos a la conclusión de que no se había limpiado en decenios, y entonces descubrimos una trampilla. -¡Mirad una puerta!- gritó Martina separando el polvo que tapaba el tirador de la puerta. A las cuatro el corazón se nos había desbocado totalmente, por fin habíamos encontrado algo. No nos lo podíamos creer pero todo aquello no era un sueño, era totalmente real. Martina estiró de la anilla de la puerta y ésta cedió sin ningún esfuerzo. Debajo de aquella puerta sólo pudimos observar la oscuridad. No se veía nada, sólo se adivinaban unas escaleras que iban a parar a un pasillo estrecho. Ni cortas ni perezosas decidimos entrar. A pesar de la densa oscuridad no teníamos ningún miedo. Rita, fumadora ocasional, siempre llevaba un mechero en el bolso y debo decir que nos fue de perlas para iluminar el trayecto. Al encender el mechero pudimos ver que el pasillo estaba totalmente adornado con motivos vegetales tanto pintados como de escayola al más auténtico estilo modernista. La gran cantidad de polvo y telarañas que cubría las paredes nos indicaba que nadie había pasado por allí en muchísimo tiempo. Tras andar varios metros por aquel túnel empezamos a ver un resplandor que supusimos que correspondía al final del pasillo. Seguimos avanzando en silencio, sólo nuestra respiración y nuestros pasos rompían aquella atmósfera intrigante. La claridad se iba haciendo patente, tanto, que pudimos prescindir de la luz del mechero. Por fin llegamos al final del pasillo y sólo una puerta acristalada, preciosa, muy recargada con detalles en oro, incrustaciones de gemas y unas magníficas vidrieras de colores llenas de motivos vegetales y árboles nos separaba del exterior. Abrimos la puerta muy despacio y lo que apareció tras ella nos dejo boquiabiertas. Un increíble y extenso jardín se abrió ante nuestros ojos, frondoso como ninguno y lleno de vida por todas partes. Parecía como si los motivos vegetales y animales esculpidos o que formaban parte de las típicas vidrieras modernistas hubieran cobrado vida en aquel jardín. En él, pájaros exóticos, mariposas e insectos estrafalarios paseaban de un lado a otro muy ajetreados transportando el polen que cogían de gran variedad de flores tan magníficas como nunca antes habíamos visto y que lo envolvían todo con su aroma sobrenatural. En el centro del jardín había dos inmensos árboles cubiertos de hojas de oro y por todas partes había pequeños árboles frutales en los que frutos jugosísimos se intercalaban con frutos hechos de piedras preciosas. De todas las maravillas que había en el inesperado edén nos llamó mucho la atención una parra, las uvas de la cual emanaban una preciosa luz violeta que tenía un poder de atracción sin igual. Martina y yo nos estiramos en el suelo del magnífico paraíso mientras Rita y Rosa se dedicaron a probar los suculentos frutos de los árboles, comprobando para sorpresa de las cuatro, que al arrancar un fruto salía inmediatamente otro de las mismas características. Estábamos totalmente extasiadas. -Dios mío, nunca hubiera podido imaginar que existiera algo así. ¡Ni en mis mejores sueños! Parece sacado de un cuento, pero es real y ¡en pleno centro de Barcelona! ¿Cómo puede ser que nadie supiera de su existencia?- preguntó Martina en voz alta mientras acariciaba una preciosa fresa hecha de rubís y diamantes. -¡Es increíble! ¿Mi padre conocía esto? ¡Y porqué no me había dicho nada!- añadí incrédula. -Creo que sí debería saberlo. Al fin y al cabo, todo empezó en una vitrina de su bodega. Por eso no dejaba que nadie bajara sin su permiso, hasta que tú lo hiciste…- dijo Rosa. -¡Es cierto, además esa noche la bodega no estaba cerrada con llave y él siempre la cerraba con llave, ¡siempre! Parece que quisiera que descubriera todo esto- dije atando cabos. -¿Pero, porqué?- preguntó Rita. -Eso no lo sé. Quizás más adelante lo sepamos- contesté encogiéndome de hombros. Nos quedamos un rato más en el fantástico edén comiendo de aquellas maravillosas frutas y disfrutando del delicioso paraje. Transcurridas unas horas decidimos irnos porque se estaba haciendo tarde. Ahora ya sabíamos de su existencia y podíamos volver en cualquier momento que creyéramos conveniente. Cerramos la preciosa puerta y recorrimos el pasillo a la inversa hasta que llegamos de nuevo al habitáculo de la portería. Volvimos a dejarlo todo tal y como lo habíamos encontrado, para que nadie que pudiera entrar notara que alguien había estado allí, y menos que descubriera la puerta secreta. Haber comido aquellas frutas nos había dado un montón de energía, optimismo y vitalidad, nos sentíamos increíblemente bien. -¿Chicas no os encontráis divinamente? Esta mañana cuando me he levantado estaba molida por el ajetreo de estos días y por el viaje. Me dolía todo el cuerpo y tenía una cara que parecía que me había pasado la noche picando piedra en Siberia. Sin embargo, ¡ahora estoy como nueva! - dijo Martina mirándose en el espejo retrovisor del coche. Entonces tocándose las mejillas con las dos manos y con cara de incredulidad añadió: -No puede ser, pero…- - Si, yo también me encuentro de maravilla. ¿Qué es lo que no puede ser?- pregunté curiosa. Rita y Rosa también se encontraban mejor que nunca. -Chicas, ¿no me veis más joven? ¿Dónde están mis odiosas e incipientes patas de gallo?, ¿y mis surcos al reír? A ver, no es que fuera una carcamal, muchas se darían con un canto en los dientes para mantenerse como yo a los treinta y tantos, pero yo tenía mis “maravillosas” primeras arruguitas dispuestas a recordarme cada día que me estoy haciendo mayor, las muy odiosas... Miradme ahora, ¡no tengo ni una!, ¡tengo el cutis como a los 20 años! - dijo mirándose detenidamente en el espejo retrovisor. - ¡Es cierto, se te ve más joven! ¿Y nosotras?- contestó Rita. - Bueno, vosotras estáis igual, pero claro con vuestra edad… Sois unas niñas, y con la vidorra que os pegabais en vuestra época, sin estrés, contaminación, sin trabajar… poco podíais envejecer. Desde luego, me estáis arreglando la vida. Cómo me gustará ver la cara de algunas lenguas viperinas operadas, cuando me vean- añadió Martina con una carcajada. - Tienes razón, nosotras estamos diviiinas- asintió Rita empolvándose la nariz. -¿Crees que pueden ser las frutas del jardín las que te han rejuvenecido?- dijo Rita asombrada. -¡Pues tienen que ser o las frutas o un milagro!- le contestó Martina muy sonriente. -¡Claro!, ¡alguna propiedad tenían que tener!, ¡su aspecto y su aroma son totalmente sobrenaturales!- dije contentísima. -Cada vez estoy más sorprendida, ¿qué más podemos encontrar?-añadí. -Bueno, tomemos las cosas con precaución. Acabamos de empezar con esto- dijo Rosa tan precavida como siempre.

domingo, 2 de enero de 2011

Capítulo 10: El jardín prodigioso (Parte I)


Martina, tremendamente organizada, sacó el papel en el que había apuntado las direcciones en las que se ubicaban las estrellas del mapa y se dedicó a trazar un itinerario.
-A ver, hoy podríamos empezar por estas dos. No creo que nos dé tiempo a más. Además, no sabemos ni cómo vamos a entrar en esas casas, supongo que estarán habitadas… Bueno ya nos las apañaremos. Venga vamos al coche. Por cierto Minerva, ¿has cogido el broche?-dijo mientras mordía el lápiz víctima de los nervios y la emoción.
-Sí, lo llevo en el bolso. Seguro que sirve para algo, como el otro colgante-contesté.
Cogimos el coche y nos dirigimos a la primera dirección del itinerario, calle Girona 118. Sobre el número 118 del mapa había dibujada una barra de pan y lo que parecían unas galletas, pensamos que debería tratarse de una panadería o una pastelería, aunque realmente no teníamos ni idea. El tráfico de Barcelona aquellas horas de la mañana era terrible. ¡Cómo podían haber tantos coches!, era increíble. En nuestra época sólo circulaban unas decenas y casi todos de amigos y conocidos de la familia y del barrio. ¡Cómo había cambiado todo! Finalmente, después de lo que nos parecieron siglos, llegamos a la dirección en cuestión. Miramos y remiramos el edificio y no vimos ni rastro de nada que nos pudiera recordar a un pan, unas galletas o una panadería. Entonces, muy oportunamente, salió del añejo edificio de al lado un anciano que por lo menos tenía 100 años.
-Mirad, podríamos preguntarle a ese señor si sabe de alguna panadería, pastelería o algo relacionado con pan y galletas que pueda estar en el número 118. ¿Qué os parece?- dijo Martina.
- Pues creo que es perfecto. No tenemos nada que perder. Quizás nos pueda dar una respuesta- contesté mientras Rita y Rosa asentían con la cabeza.
-¡Perdone señor! Buenos días- dijo Martina.
-Buenos días señoritas- contestó amablemente el anciano señor.
-Mire, le querríamos preguntar si conoce alguna panadería o pastelería por aquí. Es que nos han dicho que hay una en el número 118, pero no es así- dijo Martina esperando la respuesta con avidez.
-¿Una panadería?, ¿en el número 118? Si… ya lo creo- dijo mirándonos a las tres.
Al oír esto se nos pusieron los ojos como platos.
-¿Y dónde está? ¿Por dónde se entra? No la vemos- siguió interrogando Martina.
-Pues dudo mucho que puedan entrar. En el número 118 había una de las panaderías modernistas más bonitas de Barcelona. Los dueños eran los señores Martorell, de los Martorell de toda la vida, una familia entrañable y encantadora. ¡Qué pan tan delicioso hacían!, el mejor de Barcelona sin duda. También hacían unas galletas buenísimas, jamás he vuelto a comer unas galletas como aquellas. Venía gente de toda la ciudad a comprar aquí, se montaban colas larguíiiisimas. De hecho yo trabajé en ella despachando durante un tiempo, cuando era muy joven. Pues como les comentaba, no podrán entrar nunca en esa panadería porque, como muchas otras tiendas, fue derribada sin piedad, en su lugar creo que hay una tienda de los chinos. La desaparición del Forn Martorell fue un momento muy triste para el barrio y para la ciudad- nos contó el anciano con aire melancólico.
-Vaya, ¿y usted sabe dónde podríamos encontrar a alguien de la familia Martorell?- dijo Martina.
-Pues la verdad es que no. Vendieron la panadería y desaparecieron como si se los hubiera tragado la tierra. Nunca más volvimos a saber de ellos. En el barrio se comentó que habían emigrado a Argentina, pero nunca lo supimos realmente- contestó el anciano.
-Vaya, qué lástima. Muchísimas gracias por su ayuda- dijo Martina.
-No hay de que, señoritas. La vida pasa y lo viejo da paso a lo nuevo, pronto yo también seré un recuerdo que se irá desvaneciendo con el tiempo- añadió el amable señor mientras se alejaba con paso parsimonioso.
-Mis temores se han hecho realidad. Esta panadería ha desaparecido y lo que me da más miedo es que las otras estrellas del mapa también se hayan “apagado”… ¿Creéis que nuestras galletas pudieron salir de aquí?- dijo Martina con tono de decepción.
- Pues creo que es muy probable. ¿Si no por qué iba a salir una panadería en ese mapa? – dijo Rosa.
- Es terrible. Debemos conservar esas galletas como oro en paño porque probablemente serán las últimas que existan- dije muy afectada.
Las cuatro nos quedamos muy cabizbajas y desanimadas, no sabíamos si todos los edificios, tiendas o lo que fuera que marcaban aquellas estrellas
habían sido destruidos con el paso de los años. Para nosotros suponía una verdadera tristeza y desolación. Martina al ver nuestras caras de pena intentó animarnos.
-Bueno, no seamos pesimistas. Seguiremos nuestra búsqueda. Seguro que el resto de las casas están intactas-
-Esperemos que así sea…- dijo Rosa muy desanimada.
De nuevo cogimos el coche y nos dirigimos a la siguiente dirección del itinerario que Martina había trazado, estaba realmente muy cerca de la anterior. La siguiente estrella marcaba la calle Ausiàs March números 42-46 y el dibujo que aparecía en esa posición del mapa eran unos árboles. Aparcamos el coche y fuimos andando hasta la dirección en cuestión y fue entonces cuando pudimos comprobar que en los bajos del edificio había dos preciosos árboles esculpidos que parecían sostener el edificio. Nos pusimos contentísimas, por lo menos esta casa no había sido derribada. Lo difícil sería entrar y encontrar el “secreto” que escondía…
Nos acercamos al portal y miramos a través del cristal. No había ningún conserje ni portera a la vista, es más el interior estaba en unas condiciones bastante precarias. Así que decidimos llamar a algún timbre con la intención de entrar a inspeccionar.
-Dejad, ya pico yo- dijo Martina apretando todos los botones a la vez. Tardaron bastante en contestar. Pensamos que era normal, siendo como era horario laboral, que la gente no estuviera en casa. Finalmente, un hilillo de voz, que sin duda articuló una anciana, contestó:
-¿Si? -
-Soy la cartera. ¿Me abre?-contestó Martina. Y entonces tras oírse un chasquido la puerta de abrió.
-Desde luego, muchas alarmas y chismes de seguridad para que luego con algo tan sencillo como decir que eres el cartero la gente te abra sin ningún temor…-dijo Martina guiñándonos un ojo.
Entramos en el edificio y empezamos a mirar por todas partes para ver si había alguna señal que nos pudiera indicar por dónde teníamos que continuar. La verdad es que todo estaba muy destartalado, como en ruinas. Tras un rato escudriñando el portal sin ningún éxito me di cuenta de que algo se movía en mi bolso.

domingo, 26 de diciembre de 2010

¿Hay alguien ahí? :-0

Hace muchíiiiiisimo tiempo que tengo este blog abandonado... pero la magia de las Minervas sigue viva...
Hay alguien ahí??? o ya nadie visita este blog :-/ Si hay alguien ahí que deje un comentario y así sabré si puedo continuar explicando la increíble historia de Las Minervas. Recordar que todo comenzó una Nochevieja, quizás ésta pueda ser mágica :-)))

miércoles, 12 de mayo de 2010

Capítulo 9: Borja y Rita (I parte)

Cuando estábamos cenando empezó a sonar el móvil que Martina nos había dejado por si teníamos algún problema. En el móvil aparecieron unas letras brillantes en las que se leía Martina. Ninguna de las tres sabíamos cómo descolgarlo y nos pusimos muy nerviosas porque no paraba de sonar y pensamos que realmente debía de tratarse de algo importante para que la llamada fuera tan insistente.
Rosa decidió poner fin al problema saliendo a la calle móvil en mano. Ni corta ni perezosa, abordó a un chico que pasaba diciéndole si le hacía el favor de descolgarle el teléfono. El chico muy amablemente, aunque con cara de extrañado, la ayudó y le explicó cómo debía hacerlo en una próxima ocasión. Mientras una vocecilla chillona salía del impertinente aparato.
-¿Si? Hola Martina, soy Rosa. Si, ya sé que hemos tardado pero es que no sabíamos descolgar el móvil, finalmente nos ha tenido que ayudar un chico que pasaba por la calle- dijo Rosa mientras entraba en casa. Rita y yo estábamos en silencio intentando oír lo que Martina decía al otro lado de la línea. En un momento dado, Rosa apretó un botón y de repente la voz de Martina inundó la estancia.
-Vamos a ver. ¿Me oís las tres?- preguntó Martina.
-Sí, te oímos- contestamos las tres a la vez.
-Tenéis que saber que Rita y Borja Mefisto salen en la portada de la revista ¡Bola! ¡Ya sabía yo que el tema nos iba a traer problemas! En menudo lío nos has metido Rita…-dijo Martina muy enfadada.
-Pues el titular dice así: El calentón de Borja Mefisto con su nueva conquista, una rica heredera de la clase alta barcelonesa. Y en el interior de la revista sale todo un reportaje fotográfico de lo más subidito de tono de vuestra noche cascabelera. ¡Y cómo no!, una foto de vuestra despedida en la puerta de casa. Dios mío ya saben dónde vivís… Seguro que os están espiando noche y día- dijo Martina muy preocupada.
-Por favor, cerrad todas las ventanas, bajad todas las persianas y no salgáis al jardín ni a la calle hasta que yo llegue. ¿De acuerdo?-añadió Martina.
-Sí, de acuerdo. No te preocupes Martina, te haremos caso- dije yo, mientras Rosa y Rita asentían con la cabeza.
Tras colgar Martina, oímos un golpe en el jardín y vimos como caía un hombre del naranjo situado al lado de la fuente. Las tres soltamos un grito ahogado y salimos corriendo a cerrar todas las ventanas y persianas tal y como nos había dicho Martina. El hombre al saberse descubierto saltó la tapia del jardín y desapareció sin dejar rastro. Las tres nos pusimos muy nerviosas, no sabíamos el rato que hacía que estaba ese hombre en nuestro jardín ni las fotos que podía haber tomado. La cosa se iba complicando por momentos. Tras charlar un rato intentando buscar soluciones para arreglar el patinazo de Rita, decidimos que la única solución era echar mano de las galletas. Cuando estábamos pensando qué deseo formular sonó el timbre de la puerta. Ninguna de las tres osaba abrir. No sabíamos quién podía ser, Martina estaba de viaje… Finalmente Rosa, ante la insistencia del timbre, decidió ir a ver quién era. Cuando abrió se encontró de cara con el tremendo elemento, Borja Mefisto, que preguntaba por Rita portando en la mano un gigante ramo de rosas blancas y rojas. Rita al oír su voz no pudo evitar asomarse y al ver el precioso ramo, perdió los papeles y la vergüenza. Cogió a Borja por la chaqueta y le empujó hacia dentro de la casa. Una vez dentro Borja tiró el ramo y como si les hubiera dado un arrebato irracional se empezaron a besar como dos caníbales devorando a su presa ante nuestra atónita mirada. Finalmente, y sin dejar de besarse en ningún momento se metieron en la habitación que ocupaba Rita y cerraron la puerta de un portazo. Rosa y yo no podíamos cerrar la boca, ¿Rita se había vuelto loca?, ¡esto sólo iba a empeorar las cosas!, ¡qué haría Martina si se enterase! Pasaron horas y horas y Borja y Rita seguían sin salir de la habitación, eso sí, sabíamos que estaban vivos por la cantidad de ruido que hacían… ¡qué barbaridad!, ¡qué frenesí!, parecían dos posesos…
Rosa y yo decidimos darle un vistazo a la televisión para distraer nuestra atención del tremendo espectáculo que estaban ofreciendo Rita y Borja. Pero como lo que salía en la televisión no nos motivaba en absoluto, decidimos irnos a dormir.
A la mañana siguiente Rita y su “amigo” seguían sin salir de la habitación por lo que empecé a preocuparme. Si Martina venía y encontraba a Borja en casa se iba a montar la de San Quintín, así que decidí picar a la puerta de la habitación para decirle a Rita que hiciera el favor de despacharle. Tras picar insistentemente el tremendo elemento abrió la puerta, aunque ¡como Dios lo trajo al mundo! No pude evitar soltar una exclamación, ¡qué situación más incómoda!
-Perdona, ¿le puedes decir a Rita que salga?, tengo que decirle una cosa- le dije intentando mirarle a la cara, cosa que me era difícil porque los nervios de la situación desviaban mi mirada hacia su artilugio…
-Pues espera, voy a ver si la despierto, está muy cansada- contestó con una sonrisa burlona.
Finalmente apareció Rita con pintas de haber pasado la noche haciendo una maratón y con un conjunto de ropa interior de lo más macarrónico.
-¿Qué pasa Minerva?, espero que sea importante lo que me tengas que decir, me has despertado- dijo Rita con cara de malas pulgas.

lunes, 19 de abril de 2010

Nuevo blog!


Pues sí, la familia se amplía y hemos decidido abrir una sucursal en el mundo de la ilustración...
Animaos a seguir nuestro nuevo blog! descubriréis auténticas maravillas :-)
http://martinagolafre.blogspot.com

Capítulo 8 (II parte)

-Por cierto, ¿has estado en alguna cata alguna vez?- me preguntó.
-Pues no, esta será la primera- contesté tímidamente.
-v has de seguir mis indicaciones y sobre todo disfrutar- dijo tomando una copa por el pie y llenándola aproximadamente un tercio. Entonces me empezó a explicar que primero debía llevar la copa a la altura de la cintura para poder ver la parte superior del vino en la copa y que después debía acercarla a la altura de los ojos para poder ver su grado de limpidez y al mismo tiempo las lágrimas y la efervescencia. Tomó mi mano y me hizo coger la copa, la cara me iba a explotar de tanto rubor. Mientras acercaba la copa a mi nariz me iba explicando lo que tenía que hacer. En un primer lugar se trataba de oler el vino sin agitarlo de forma que observara los aromas primarios que son aquellos que provienen de la uva y de la tierra. Después se trataba de agitar la copa para obtener los aromas secundarios que son los que provienen de la fermentación y después dejando reposar la copa volvería a oler el vino para obtener los aromas terciarios que son los que provienen de la conservación, crianza y envejecimiento. Una de las partes más curiosas del proceso fue cuando debía introducir la lengua en la copa para percibir las sensaciones dulces en la punta, ¡era de lo más erótico! Aunque debo reconocer que lo más “original” era tener que escupir el vino una vez saboreado. Sinceramente, prefería tragármelo, porque escupir no entraba en lo que yo consideraba que debían ser los modales de una chica fina como yo, lo encontraba de lo más barriobajero. En realidad, a mí todo aquello me parecía muy complicado, es más, todos los vinos me olían y me sabían igual, pero estaba encantadísima con sus
explicaciones y con la pasión con la que me describía cada vino, se notaba que disfrutaba con cada aroma, cada sorbo, cada palabra.
Cuando acabamos pasamos a una sala anexa que tenía unas vistas increíbles de los viñedos y de la Serra del Montsant. En la magnífica sala había una mesa preparada con todo lujo de detalles y al lado de la mesa había un carrito con diferentes platos cubiertos con campana de plata.
-Tú siéntate aquí que tendrás mejores vistas. Si te parece serviré yo la comida porque así estaremos más cómodos. ¿Te parece bien?- dijo Arnau.
-Sí, ¡me parece perfecto!- dije encantada.
La comida fue deliciosa, y su compañía mucho más. Charlamos animadamente durante todo el ágape, de todo en general y de nada en particular. Tengo que reconocer que con el vino cada vez me costaba más no meter la pata y ocultar mi secreto.
Cuando acabamos de comer estaba oscureciendo y decidimos volver para que no se hiciera excesivamente tarde.
Gracias a Dios el viaje de vuelta fue más tranquilo, principalmente porque la modorra postprandial me hizo dormir como una marmota y cuando desperté, la parte tortuosa del trayecto ya había pasado. Finalmente, y habiendo anochecido del todo, llegamos a mi casa
-Bueno, ya hemos llegado- dijo Arnau tímidamente. La verdad es que me extrañó esa timidez repentina.
-Sí, ya hemos llegado. Tengo que decirte que me lo he pasado de maravilla. Eres un anfitrión encantador. Todo ha sido perfecto, bueno, todo excepto yo que soy una patosa…- dije avergonzada intentando disculparme una vez más por todas mis meteduras de pata.
-¡No digas tonterías!, eres una chica realmente especial y divertida. Sin ti, no me lo habría pasado ni la mitad de bien- dijo mirándome a los ojos. Haciendo grandes esfuerzos pude mantener su mirada mientras sentía unas cosquillas en el estómago que me daban ganas de reírme a carcajadas con una especie de risa nerviosa. Después de mirarnos unos segundos Arnau se acercó a mí, me rodeó con sus brazos y nos besamos. Si hubiera tenido que definir ese beso en una cata, os aseguro que hubiera obtenido la mejor puntuación en todos los aspectos. Después del esperado “inesperado” beso, nos quedamos unos instantes en silencio. Él, que siempre tenía la palabra adecuada no sabía que decir y yo, siempre tan echada para adelante, me había quedado muda como si me hubiera olvidado la lengua en la cata. Finalmente nos despedimos.
Al dirigirme a la puerta pude ver como las cotillas de Rita y Rosa lo habían estado siguiendo todo desde la ventana. Así que podía imaginar el interrogatorio que me esperaba al entrar en casa.
-Buenoooo, ¿qué tal ha ido la excursión Minerva? Yo diría que mejor que bien…- dijo Rita irónicamente mirando a Rosa de reojo.
-¡Ha sido perfecto! Lo hemos pasado en grande. Lástima que sea una patosa y haya ido encadenando pifia tras pifia. ¡Qué vergüenza he pasado! Arnau es encantador, todo un caballero- dije con cara de locamente enamorada.
Entonces les expliqué con todo lujo de detalles el maravilloso día que había pasado con Arnau y también, ¡cómo no!, todos mis patéticos percances.

lunes, 22 de marzo de 2010

Capítulo 8 (I): Mi primera cita con Arnau




Al día siguiente, cuando aún no había amanecido, Martina nos despertó aporreando la puerta y tocando el timbre sin parar.
-Ya voy, ¡ya vooooy! ¡Pero, qué energúmena!- dije mientras corría como una desesperada hacia la puerta para poner fin lo antes posible a aquel estruendo.
-¡Lo siento, pero es que tengo muchísima prisa!, mi avión sale dentro de una hora y ¡todavía estoy aquí¡ Mirad, aquí os traigo lo que os dije el televisor portátil. Sólo tienes que apretar este botón para encenderlo y éste para cambiar de canal y el móvil, apretando el uno y después aquí me llamáis automáticamente. ¿Todo claro? No me ha dado tiempo de comprar Las revistas. Venga, nos vemos el jueves. No os metáis en problemas porfavor. ¡Adiooos!- dijo Martina mientras se iba a toda prisa.
La verdad es que recién levantada y con todo ese jaleo, el cerebro no me había comenzado a funcionar a pleno rendimiento y en consecuencia, no me había enterado de la misa la mitad, pero ya nos espabilaríamos. De hecho cada vez estábamos más acostumbradas a espabilarnos por nuestra cuenta. Al fin y al cabo esta experiencia nos iba a ir de perlas para madurar, porque la verdad es que hasta este momento nuestras vidas habían sido un camino de rosas sin ningún tipo de preocupación totalmente arropadas por nuestras protectoras familias.
Mientras tanto, Rita y Rosa también se habían levantado a la fuerza, ante el escandaloso ruido que había hecho Martina al llamar.
-¿Ya ha venido Martina? Pensé que había entrado una manada de caballos desbocados en casa- dijo Rita frotándose los ojos y bostezando.
-Sí, tenía mucha prisa, dice que perdía el avión… Bueno, mirad, nos ha dejado esto aquí: el televisor y el móvil. No me he enterado mucho de cómo funcionan, así que probad lo que queráis. Yo me voy a arreglar que pronto vendrá Arnau a por mí- dije sin poder evitar una sonrisilla nerviosa.
-Si hija, ves, que estas hecha un manojo de nervios. Desde luego si te ve así, recién levantada y con esos pelos se va corriendo por donde ha venido- dijo Rita soltando una carcajada y a la que Rosa se unió también. Como no tenía tiempo ni ganas de discutirme con ninguna de las dos, me fui directa a mi habitación para arreglarme. Tenía que estar perfecta para esa cita.
Cuando acabé bajé a la cocina, pensé que por lo menos tomaría un té y unas pastas antes de irme. No es bueno acudir a las citas importantes con el estómago vacío, el cuerpo y la cabeza necesitan comida para estar al cien por cien.
Cuando entré en la cocina Rita y Rosa observaban con cara de bobas y sin abrir la boca las imágenes que salían en el televisor. Por lo poco que pude ver, un grupo de personas, con pinta de no haberse peinado y duchado en siglos, yacían por camas y sofás insultándose y gritándose sin parar. En un momento dado, los gritos pararon y salió, acompañado de una musiquilla insoportable, un enorme ojo dibujado sobre el que se leía Gran Primo. Después le sucedieron una serie de mini películas, como las que habíamos visto en la fiesta del amigo de Martina, creo recordar que les llamaban anuncios, hasta que nuevamente volvió a salir el ojo con su insolente musiquilla y otra vez la gente que yacía en los sofás, pero esta vez más tranquila…
-Qué cosa tan extraña, se llama Gran Primo. Esa gente se ha dicho de todo menos guapo y ahora resulta que se abrazan y se besan como si nada hubiera pasado… -dijo Rosa con cara de sorprendida.
-Venga aprieta otro botón a ver si sale otra cosa. ¡Me gusta este chisme!, puedes cotillear sin ser visto- dijo Rita mientras se comía una galleta.
Entonces sonó el timbre de la puerta. Al pensar que era Arnau, un calambrazo me recorrió todo cuerpo y me puse a temblar. Al cabo de unos segundos Rita dijo mirándome:
-Bueno, ¿vas a abrir o no?-
Y arreglándose el pelo con una mano y abrochándose el cinturón de su bata oriental con la otra, añadió:
-Anda, ya voy yo, que parece que te ha dado un espasmo intestinal. ¡Qué barbaridad! Vamos a ver si el chico es para tanto o no…”
Rosa y yo oímos como Rita abría la puerta y una voz masculina preguntaba por mí. Sin duda era él. Rita le hizo pasar al salón diciéndole que enseguida me avisaba.
-¡Madre del amor hermoso!, ya lo creo que es para tanto… ¡Pero de dónde has sacado ese bomboncito! ¡Si no te resulta me lo quedo yo!- dijo Rita poniendo los ojos en blanco.
-Por favor Rita compórtate que nos conocemos. Si gritas tanto te va a oír y lo último que quiero es que piense que vivo con una ninfómana. Nos vemos esta noche. Que lo paséis bien- dije con una sonrisa de oreja a oreja mientras me dirigía al salón.
Una vez allí pude ver que Arnau, que miraba con curiosidad las fotos de mi familia, era incluso más guapo de lo recordaba. Nos saludamos, nos dimos dos besos y decidimos irnos inmediatamente, porque el camino hasta sus viñas era largo y quería que llegáramos con tiempo de enseñármelo todo antes de comer.
-Vaya, estás increíblemente preciosa- dijo Arnau. Ante tal piropo no pude sostenerle la mirada y tuve que bajar la vista haciendo ver que buscaba algo en el bolso para que no me diera un soponcio.
-Venga Minerva, no perdamos tiempo, tardaremos una horita y media en llegar a mis viñas. Espero que no te marees, el camino es un poco tortuoso- añadió con su perfecta sonrisa.
-Tranquilo, no suelo marearme. Cuando quieras marchamos- le contesté devolviéndole tímidamente la sonrisa.
-¿Sabes?, Martina y tú tenéis un parecido asombroso. ¿Sois familia?- preguntó para mi sorpresa.
-Sí, somos primas lejanas- contesté intentando no profundizar demasiado en el peliagudo tema.
-Vaya, es increíble lo que puedes parecerte a un familiar lejano y lo poco que te puedes parecer con tu propio hermano. La genética es así de caprichosa-añadió Arnau riendo.
-Cambiando de tema, creo que debí advertirte de que vamos al campo. Llevas unos zapatos muy delicados…- apuntó Arnau mirándome a los pies.
-Tranquilo, estoy acostumbrada a llevar este tipo de zapatos en todas las situaciones- le contesté quitándole hierro al asunto.
Cuando me senté en el coche pude ver como Rosa y Rita nos espiaban desde la ventana de la entrada y yo, para que vieran que las había pillado les saqué la lengua insolentemente.
Emprendimos la marcha. Me quedé maravillada de lo anchas que eran las carreteras y de lo fino que era el pavimento. Eso en mi época era impensable. Arnau puso una suave música, me dijo que era Bossanova, jamás la había oído pero lo dije que me encantaba desde siempre. Exceptuando por la sensación de vértigo que me producía la velocidad a la que nos movíamos, yo no estaba acostumbrada a pasar de la velocidad borriquera, el viaje estaba siendo una auténtica delicia. Entonces llegamos a Falset y la carretera pasó de ser recta a ser una especie de serpiente que iba apretando mi estómago insistentemente, hasta que ya no pude aguantar más…
-¡Para, para por favor! Me, me estoy mareando…. Buaaaaaaj- articulé justo antes de vomitar dentro del coche. En esos momentos pensé que me iba a desmayar debido a la mezcla de mareo y vergüenza…
-Lo siento, de verdad… no sé qué decir… normalmente no me mareo- dije desolada y totalmente avergonzada.
-Tranquila, no pasa nada, no te preocupes en absoluto, ¡faltaría más! No eres la primera persona a la que le ocurre por estas carreteras, por eso te pregunté si te mareabas. ¿Te sientes mejor?- dijo el pobre Arnau pasándome un pañuelo mojado con agua por la frente.
-Sí. Muchas gracias, ya me encuentro mucho mejor. No me ha dado tiempo a abrir la puerta del coche. Te he dejado el coche hecho un asco…-dije a punto de llorar.
-Mira, aquí tengo estos trapos, lo quito en un santiamén. Ya verás cómo no tardo nada, tu sal y que te dé el aire, tienes que recuperarte para disfrutar en condiciones de la jornada que te he preparado- dijo guiñándome un ojo mientras sacaba unos trapos de la guantera y se disponía a limpiar todo aquel desastre.
-¡Deja, deja!, qué vergüenza, qué impresentable soy. Yo lo limpiaré…-dije arrebatándole los trapos. ¡Madre mía!, quién me iba a decir a mí con lo fina que yo soy, que iba a acabar limpiando mi vómito del coche del hombre de mis sueños. Jamás me había sentido tan humillada.
Una vez recompuesta proseguimos el viaje. Yo, no osaba abrir la boca de tanta vergüenza que llevaba en mi cuerpo, pero a medida que iba transcurriendo el tiempo, y gracias a la amena conversación con Arnau, la vergüenza se fue desvaneciendo y finalmente desapareció. Por fin, tras el horrible, empinado y tortuoso camino llegamos a la cima de una colina “forrada”, literalmente, por viñedos y en la que destacaba una moderna edificación. Arnau me explicó que se trataba de la bodega, pero que también albergaba una tienda, un laboratorio de enología y no sé cuantas cosas más. A mi todo aquello me sonaba a chino mandarín, pero claro, no me iba a hacer la ignorante bastante ridículo había hecho ya. En cuanto hubo aparcado el coche, Arnau me llevó de paseo por las espectaculares viñas. Las vistas eran impresionantes, el paisaje realmente increíble, pero… mis zapatos eran lo peor de lo peor. A cada paso que daba el tacón se hundía en la tierra como si estuviera caminando sobre arenas movedizas. Yo hacía de tripas corazón, intentaba andar lo más digna posible aunque el resultado era bastante patético y parecía que estaba pisando huevos. Finalmente, en una de las pisadas, el tacón quedó totalmente hundido y mi pié siguió el paso pero descalzo. El mamporro que me pegué fue de impresión, mi cara aterrizó totalmente en el suelo y no me partí un diente porque no era el día… Arnau me levantó inmediatamente. Llegué a pensar que era vidente ya que todas sus “profecías” se iban cumpliendo una a una.
-¡Minerva!, ¿Te has hecho daño? Tus zapatos son preciosos pero no son muy adecuados para andar por el monte. Vaya, hoy no es tu día- dijo mientras me ayudaba a sacudirme la tierra de la cara y el vestido.
-Desde luego, debes pensar que soy la más patosa de todas las chicas que has conocido… -dije con aire compungido.
-Tú no te preocupes, no pienso eso en absoluto. Hay pocas chicas que capaces de aguantar estas pequeñas adversidades tan estoicamente como tú- dijo mientras soltaba una pequeña carcajada.
-Venga, sube, acabarás el paseo sobre mi espalda- dijo mientras se agachaba para que me subiera a su espalda. Yo accedí encantadísima, pero temblando y con unos calores que me hacían sudar como si estuviera en medio del desierto con un abrigo de piel.
Cuando acabamos el agradable paseo entramos en la bodega y me llevó a una sala donde una chica muy amable, a la que saludó amigablemente y que me presentó como Laia, nos había preparado en una mesa alargada gran cantidad de botellas y copas que supuse eran para la cata.
-Mira, ahora si te parece bien, comenzaremos la cata los mejores vinos de mi bodega. Seguro que te encantarán. Mi objetivo es que dejes de pensar que los vinos del Priorat son de lo peorcito- dijo guiñándome un ojo mientras me separaba la silla para que me sentara. (continuará...)

martes, 9 de febrero de 2010

Cumpleaños Minervil!

Minerva (la auténtica) cumplió 2 años este domingo y lo celebramos por tooodo lo alto! y después de todo el trabajito los pasteles y galletas quedaron espectaculares eh! :-))))


viernes, 22 de enero de 2010

Capítulo 7: El mapa



Cuando nos levantamos era ya bien entrada la tarde del domingo. Tras tomar un baño y comer algo, nos sentamos las cuatro en el salón la galería del cual daba al espléndido y frondoso jardín. La luz del sol estaba ya declinando y hacía que la vegetación adquiriera colores con unas tonalidades y matices deliciosamente encantadores, el sonido de la fuente central parecía una suave y relajante melodía. La sensación de paz y serenidad que envolvía la casa nos contagiaba por completo y disfrutamos de una animada y amena conversación que duró horas y que nos hizo sentir más unidas que nunca. Martina nos explicaba cosas de su época y nosotras le explicamos también cosas de nuestra vida en los años 20. Entre risas, sorpresas y demás las barreras cronológicas entre Martina y nosotras fueron desapareciendo, teníamos la sensación de conocernos de toda la vida, ya no éramos tres amigas y una extraña, éramos realmente cuatro amigas.
-Bueno chicas, que os parece si le damos otro vistazo al mapa, a lo mejor entre las cuatro sacamos algo en claro-dijo Martina que estaba sentada en una chaise longue de piel blanca sujetando una taza de té con las dos manos.
-¡Sí!, ¡perfecto! Voy corriendo a buscarlo- contesté mientras me levantaba para ir a la habitación. Había guardado el mapa en el cajón bajo llave de mi escritorio donde guardaba todos mis tesoros.
-Mirad chicas- dije sosteniendo el mapa en el aire para que alguna de las tres lo cogiera. Finalmente fue Rita quien le dio el primer vistazo:
-¿A ver? Uff, pues no sé, sólo veo algunos dibujos, cuadrados, rectas y de vez en cuando una de estas estrellas brillantes, además no pone nada…-
Rosa se acercó al sofá donde estaba Rita, se sentó junto a ella y cogió el mapa.
-Está claro que esto son calles, pero como no pone nada…- dijo Rosa acariciándose la mejilla pensativa.
-¡Claro que son calles! ¿A ver?- dijo Martina estirando el mapa impaciente y añadiendo:
– ¡Pero seré vacaburra! ¡Cómo no me había dado cuenta antes!, esto es un mapa antiguo de Barcelona pero dibujado a mano alzada. Mirad, esto es Collserola, esto es el mar, esto la Diagonal y estos cuadrados son ¡el Eixample!-iba explicando mientras señalaba cada elemento en el rudimentario mapa, y prosiguió:
-Y las estrellas brillantes señalan puntos exactos en el mapa. ¿No veis que debajo de cada estrella pone un número?, debe ser el número que corresponde a un edificio, si os fijáis aquí está el Tibidabo y hay una estrella justamente aquí y debajo pone un 29, ¡esta estrella marca esta casa!-dijo exaltadísima Martina.
-¡Es verdad!, fijaos en el dibujo que hay encima de la estrella… ¡es la ninfa que ilustra la vitrina de esta galería!- dije sin poder salir de mi asombro. De repente empezamos a ver algo de luz al final del túnel, por lo menos sabíamos que el mapa nos indicaría sitios donde poder buscar respuestas a nuestro viaje temporal, el único problema era que no ponía el nombre de las calles, parecía que la persona que lo había dibujado lo había hecho a toda prisa como si lo estuviera copiando y no quisiera que lo pillaran, aunque también podría tratarse de un simple esquema.
En el mapa resplandecían siete estrellas que estaban distribuidas aleatoriamente por toda la ciudad. Mientras intentábamos ubicarlas en sus direcciones exactas, recordé que mi padre tenía colgado un mapa de Barcelona en la pared de su despacho…
-¡Chicas!, acabo de recordar que mi padre tiene un mapa de la ciudad colgado en la pared de su despacho, ¡voy a buscarlo inmediatamente!- dije mientras salía corriendo hacia el despacho.
Entré como una exhalación en el despacho, descolgué el cuadro y salí de nuevo corriendo hacia el salón donde aguardaban impacientes Martina, Rosa y Rita.
-¡Perfecto! No obstante, hay un pequeño problema- dijo Martina poniendo cara de entre preocupación y pena:
-Este mapa deber ser antiguo y la ciudad habrá cambiado mucho. No sé si encontraremos en pie las casas o edificios que aparecen en el mapa. Seguro que muchos habrán sido derribados para construir edificios más modernos y más altos, es el coste que hay que pagar por la escasez de suelo en la ciudad… De hecho mi padre vendió, sin que yo pudiera evitarlo de ninguna manera, varias casas antiguas preciosas que había recibido de alguna herencia familiar. Casas entrañables y llenas de encanto que fueron derribadas para construir enormes bloques de pisos horribles, anodinos y sin vida. Una auténtica barbarie arquitectónica. Es una de las cosas que más me entristece, ver cómo se pierden esas pequeñas joyas cotidianas en las que poca gente se fija. Y no estoy hablando de los edificios emblemáticos como la Pedrera, la Casa Batlló... No, yo hablo de los edificios y casas “anónimos”. Sólo que te pares a observar con un poco de detenimiento los edificios que vas encontrando al andar por las calles puedes descubrir auténticas maravillas y tesoros. Pequeños detalles que hacen que una casa tenga su propia personalidad, frescura y alegría, irradian vida aún estando en pésimas condiciones de conservación. De hecho una de mis mayores aficiones es fotografiar edificios y casas antiguos, sobre todo los que están a punto de ser derribados, es una forma de presentarles el respeto que merecen antes de que desaparezcan para siempre con los secretos, sentimientos, historias y vivencias que han albergado entre sus paredes y que se perderán irremediablemente… .Cuando vengáis a casa os enseñaré la colección tengo muchísimas fotos-
Se notaba que Martina sentía con mucha pasión lo que decía, sus ojos brillaban y su voz transmitía un sentimiento que nos conmovió a las tres. Por un momento pensé en que podían derribar mi casa y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Es como si, de golpe, hubiera tomado conciencia de lo preciosa que era y de lo mucho que representaba para mí. En ella había transcurrido mi vida desde que nací y la de todos mis seres queridos y en ella habían sucedido grandes acontecimientos familiares, infinidad de vivencias, alegrías, penas y logros… No era sólo un montón de ladrillos, piedras y hierros, era mucho más, era MI casa. La voz de Martina me sacó de mis pensamientos:
-Veamos. ¡Perfecto!, ¡coincide totalmente con el mapa dibujado! Venga, tomaremos nota de las direcciones exactas y nos dedicaremos a visitarlas a ver si sacamos algo en claro- dijo sacando una libreta y un lápiz de su bolso.
Cuando acabó de apuntar todas las direcciones cogí el cuadro con la intención de dejarlo de nuevo en su lugar. Fue entonces cuando me di cuenta de que un pequeño detalle me había pasado por alto. Al acercarme para colgarlo de nuevo en su lugar, pude ver que en la pared, justo en la parte que quedaba oculta tras el cuadro cuando estaba colgado, había una pequeña tapa de cerradura tras la que se adivinaba una minúscula cerradura. Al apartar la tapa pude ver que se trataba de una cerradura pequeñísima y entonces recordé la llave diminuta que había salido de la perla del colgante. Corrí hacia el salón para decirles a las chicas que había encontrado la cerradura que abría aquella llave.
-¡He encontrado la cerradura!, ¡he encontrado la cerradura!- dije mientras me acercaba al salón gritando y saltando de emoción.
-¿¿¿Dónde???-preguntaron Martina, Rita y Rosa al unísono.
-¡Estaba tras el mapa! Al descolgarlo, con las prisas, no me había dado cuenta. ¡Vamos rápidamente a ver qué esconde la cerradura!-
Cogí la llave que había guardado cuidadosamente en el bolso y las cuatro nos dirigimos al despacho.
-Bueno, vamos a ver-dije intentando meter la llave. Lo cierto es que la cerradura era tan diminuta que costaba muchísimo. Después de muchos intentos fallidos por mi parte, Rosa se ofreció a probar suerte con mayor destreza que yo...
-Sí, lo conseguí. Chicas ya está abierta-dijo Rosa que había conseguido abrir la cerradura sin ningún esfuerzo, con lo que nos dejó claro, una vez más, que además de la más inteligente de nosotras, era una auténtica manitas.
Abrimos la puertecilla y dentro había un sobre dorado que desprendía la misma luz que emanaba de la vitrina de la bodega y un bonito broche en forma de chica ataviada con un precioso vestido de flecos muy años 20. El sobre contenía una carta que decía así:
“Si habéis llegado hasta aquí estáis preparadas para conocer las maravillas que esconden estas casas. Las estrellas ubicadas en el mapa corresponden a casas construidas sobre terrenos mágicos y, en consecuencia, esconden prodigios sobrenaturales. Cuando estéis ante ellas miradlas bien, los dibujos del mapa os darán una pista de cuál es su tesoro, descubrid lo que esconde cada una de ellas.”
Nos quedamos maravilladas, ¿terrenos mágicos? No podíamos salir de nuestro asombro. Por lo que acabábamos de leer en la carta, mi casa no era la única que albergaba maravillas como el cava o las galletas mágicas. Nos preguntábamos qué tipo de tesoros ocultos podrían tener las otras casas. Ciertamente estábamos viviendo un sueño, era sin duda la mejor aventura de nuestras vidas y, aún sin saber el porqué, nos sentimos muy afortunadas de poder formar parte de todo esto.
-Esto es maravilloso, un sueño, tengo que pellizcarme para creer que es verdad- dijo Martina boquiabierta.
-¿Pero qué pintamos nosotras en todo esto?- prosiguió.
-Ciertamente no lo sé, pero todo se va sucediendo según un orden y por lo tanto creo que al final lo sabremos. Sabremos cuál es nuestra misión en todo esto-dije yo.
-Yo también lo creo así. Alguien nos tenía el guión preparado y nosotros sólo debemos seguirlo para llegar al final-dijo Rosa muy seria.
-No puedo imaginar qué tesoros pueden esconder las otras casas, ¡sólo de pensarlo me pongo nerviosísima! ¿Porqué no empezamos esta misma noche a visitar las otras casas?-dijo Rita con la impaciencia de siempre.
-Hoy ya es imposible, se está haciendo de noche y no veríamos nada. Sintiéndolo mucho, hasta el jueves no podremos empezar, mañana salgo de viaje por unos temas de la editorial y no vuelvo hasta ese día- dijo Martina.
-¡Ooooh!, ¿hasta el jueves?- exclamamos Rosa, Rita y yo a la vez.
-Chicas los siento, de verdad, pero tengo unas reuniones inaplazables. Venga, no seáis impacientes, no vendrá de unos días. ¿No os encanta lo que estáis viviendo? Somos unas privilegiadas, ojalá no acabara nunca, ¿no creéis? Podéis aprovechar para descansar un poco y pasear por el barrio, seguro que descubrís un montón de cosas nuevas que no conocéis. ¡Ya sé!, mañana antes de irme os traeré revistas y un televisor, os servirá para obtener mucha información. ¿Qué os parece?- dijo Martina intentando animarnos.
-¿Un televisor? ¿Y eso qué es?- preguntó Rita extrañada.
-Bueno, mañana lo veréis…- contestó Martina. Entonces sonó un extraño sonido, una especie de campana muy fuerte y Martina sacó un artilugio que se puso a la oreja.
-¿Si? ¡Hola Arnau! ¿Cómo va todo? Si, si que está Minerva, un momento que te la paso. Minerva es para ti- dijo Martina alargándome aquel artilugio para que lo cogiera.
-Póntelo en la oreja es un teléfono móvil- me explicó Martina.
-¡Ah!, ¡el móvil! Un teléfono… sin cables… Dios mío, vale. ¿Sí? ¡Hola Arnau! Sí, me encantaría, ¿me pasarás a buscar por casa? ¡Perfecto! ¿A las 8?, muy bien. Si, mira, vivo en Avinguda Tibidabo número 29. Vale, hasta mañana. Adiós- contesté mientras notaba como Rosa, Rita y Martina me miraban atentamente escuchando sin ningún tipo de disimulo todo lo que decía.
-Madre mía, te has puesto como un tomate, y estás temblando. ¿Quién es el tal Arnau?- preguntó Rita con sorna.
-Es un chico que conocí en la fiesta- contesté quitándole importancia.
-Sí, Minerva es una suertuda. Es amigo mío desde la infancia. La de chicas que tiene Arnau loquitas por sus huesos. Más de una vez he visto con mis propios ojos, cómo se estiraban del moño por él varias chicas, y no adefesios precisamente. Tengo que confesar que está para mojar pan, y no sólo eso , además es inteligente de narices. Pero es muy exigente, un hueso duro de roer. Seguro que mañana te lo pasas de película, Arnau sabe cómo tratar a las mujeres, es un encanto- dijo Martina con cierto tono de rintintín.
-Vale, dejadlo ya. Ya os explicaré mañana como ha ido, ¡cotillas, más que cotillas!- dije un molesta por el tono de la conversación.
-Venga, yo me voy, mañana vendré bien pronto. Hasta mañana chicas. Que descanséis bien. Por cierto, también os traeré un móvil para que podáis llamarme si lo necesitáis- dijo Martina mientras se dirigía hacia la puerta.
Después de cenar un poco nos fuimos a la cama, yo sabía que pasaría la noche en vela esperando la cita con Arnau. La verdad es que ningún chico de los que había conocido hasta el momento me había gustado tanto, de hecho me notaba muy extraña, yo no era precisamente de las tímidas con los chicos pero con él era diferente…

jueves, 31 de diciembre de 2009

Feliz 2010!!!!!!!!

Desde las Minervas queremos agradecer la cantidad de felicitaciones que hemos recibido y queremos desearos a todas y todos FELIZ 2010!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Y mucho cuidadín cuando toméis cava esta noche, ya sabéis lo que les pasó a Las Minervas la nochevieja...
Hasta el año que viene!! :-))))

domingo, 25 de octubre de 2009

Minerva, Martina, Barcelona basada en hechos reales...

Para demostrar que las casas modernistas esconden secretos he aquí esta muestra...

http://www.upc.edu/web/tallergaudi/nova/fitxers_noticies/99.pdf

Todas las casas que aparecen en el libro son reales o fueron reales y por eso en las próximas entradas iré ilustrando con fotos cada una de ellas para que podáis ubicar la acción en todo su esplendor :-)))
Seguid atentas...

miércoles, 1 de julio de 2009

Las Minervas salen en Mia y ¡Qué arte!

¡Si queréis conocer un poco más lo que hay detrás de las Minervas no dudéis en leer la entrevista que nos han hecho en Mia!
http://www.miarevista.es/
http://blogs.miarevista.es/quearte/

¡Gracias Vero, eres un sol!

sábado, 23 de mayo de 2009

La fiesta (Capítulo 6)


Quedamos con Martina en que pasaría a recogernos por mi casa a las nueve y media. Primero de todo, Rosa, que tiene unas manos prodigiosas para el maquillaje nos maquilló. Después, estuvimos varias horas eligiendo vestidos, tocados, zapatos, bolsos... la verdad es que mi guardarropa daba para vestirnos a nosotras tres y a cien chicas más. Siempre he tenido debilidad por la ropa y los complementos, y no había temporada en que no estrenara como mínimo diez vestidos con sus correspondientes bolsos, zapatos, sombreros a juego. La mayoría de ellos, habían sido hechos exclusivamente para mí por los mejores modistos de Europa, con las mejores telas y materiales sin escatimar en gastos. Todos mis caprichos corrían a cargo de mi abnegado padre que adoraba mimarme por encima de todas las cosas. Qué puedo hacer yo si soy la niña de sus ojos…
Cuando acabamos de arreglarnos estábamos realmente despampanantes, ¡impresionantes! A las nueve y media, como un reloj, el claxon del coche de Martina nos avisó de que nos estaba esperando en la puerta. Salimos corriendo, estábamos nerviosas e ilusionadas por saber cómo eran las fiestas del siglo XXI, y como no, los chicos.
-¡Martina!, creo que podríamos coger mi coche. ¿Qué te parece?- dije mientras cerraba la puerta de casa.
-Bueno, por mi encantada, pero eso sí, conduzco yo...-contestó Martina.
-¡Perfecto!, todo tuyo- asentí lanzándole las llaves al vuelo.
Nos montamos las cuatro en el coche, hacía una noche preciosa , la luna llena iluminaba la carretera, y nos dirigimos hacia Vallvidrera, un pueblo cerca de Barcelona donde veraneaban algunos de nuestros amigos.
-¿La fiesta es en Vallvidrera?, ¡magnífico! Un lugar precioso para hacer una fiesta, tu amigo tiene muy buen gusto, esto pinta muy bien- sonreí satisfecha pensando en la larga noche que nos esperaba.
-Ya lo creo, ¡qué maravilla! ¿Habrá mucha gente en la fiesta?, ¿y de chicos?, ¿cómo está el tema?- preguntó Rita con una sonrisa picarona mientras se colocaba coquetamente las ondas doradas de su melena.
-Sí, me comentó que seríamos unas trescientas personas. La casa es preciosa y enorme, tiene unas vistas a Barcelona espectaculares. Os va a encantar. Además tiene un jardín con una piscina impresionante, siempre hay alguien que acaba un poco perjudicado en remojo. Nos lo pasaremos muy bien Pere es muy buen anfitrión y sus fiestas siempre son memorables-
Cuando llegamos a la casa nos quedamos maravilladas, era realmente tan preciosa como nos la había pintado Martina. Había gente por todas partes, pero como era tan grande no se tenía sensación de aglomeración. Cuatro hombres fornidos y grandes como armarios flanqueaban la puerta de hierro forjado de la verja de acceso, parando a todos los coches que llegaban. Unos aparcacoches se encargaban de acomodar toda la flota de coches estrafalarios, por lo menos a nuestro parecer, que iban llegando en procesión.
-Buenas noches, su invitación por favor- dijo uno de aquellos gigantes.
-Hola, buenas noches, mire- dijo Martina enseñándole una tarjeta.
-Perfecto, bienvenidas y que pasen una buena velada- añadió amablemente el chico.
Entonces Martina paró el coche y uno de los aparcacoches vino rápidamente dónde estábamos. Bajamos de mi preciado vehículo y miré con recelo como Martina le entregaba las llaves.
-Haga el favor de tratar este coche con el máximo mimo, no consentiré que le haga la más mínima raya…-dije con tono inquisitivo.
-Minerva, tranquila, que está acostumbrado a tratar con coches de lujo, ¿no ves qué coches hay aparcados?- me espetó Martina haciéndole una ridícula mueca al aparcacoches.
-Sólo es un aviso-dije mirando al chico desafiante.
-Tranquila señora. A su coche no le pasará nada, lo trataré como si fuera el mío propio- dijo mientras añadía en voz baja:

-Estas pijas son insoportables, de buena gana le pinchaba las ruedas a ver si volvía en burro a su mansión…-
-¡Pero qué dice elemento!- dije acalorada.
-Nada, señorita, que para mí es una satisfacción que una distinguida dama como usted le confíe a un don nadie como yo algo tan preciado como su majestuoso vehículo- añadió con una sonrisa de cera.
-¡Venga, calla ya Minerva y entremos en la casa!- dijo Rita impaciente por entrar, viendo que la situación se alargaba tontamente.
-¡Si venga!-asintió Rosa muy ilusionada.
Una chica muy amable nos acompañó hasta una estancia inmensa donde se concentraba gran cantidad de gente. Había decenas de camareros que iban arriba y abajo con bandejas de “suculenta” comida y bebida.
Un risueño camarero se acercó a nosotras invitándonos a tomar una copa de cava de la bandeja que llevaba, con gran maestría por cierto, entre aquel hervidero humano; no nos pudimos resistir, estaba fresco y ¡en su punto!
Martina no paraba de saludar a gente, a cada paso que daba tenía que pararse a hablar, se notaba que estaba en su salsa, y nosotras tres, cotillas y deseosas de ver lo que se cocía en todas las estancias, decidimos ir a inspeccionar por nuestra cuenta.
En nuestra prospección, decenas de camareros nos asaltaban a nuestro paso ofreciéndonos extrañas comidas que, ante nuestra sorpresa, describían minuciosamente...
-Buenas noches señoritas, ¿les apetece probar estas pepitas de melón con deconstrucción de ajo sobre una nube de pimiento del piquillo relleno de quicos macerados al aceite de orégano cultivado en los cerros de la Patagonia en tostada de centeno?-
Las tres nos quedamos anonadadas. Mientras el pobre camarero trataba de recuperar la respiración tras la retahíla, nosotras intentábamos adivinar dónde demonios veía todo eso. Nosotras simplemente veíamos una tostada con una masa verde, del tamaño de una lenteja, salpicada con gotas rojas. ¿Qué narices significaba deconstrucción de ajo?
-Mire, lo probaremos, claro que sí, aunque sólo sea por el esfuerzo explicativo- le dije al camarero sonriéndole.
Las tres alargamos la mano y tomamos una de aquellas “tostadas”. Lo cierto es que no estaba mal, pero con total seguridad, nosotras hubiéramos preferido unos simples vol-au-vents rellenos de caviar, mucho más exquisitos y con menos parafernalia narrativa...
No habíamos conseguido dar dos pasos seguidos cuando otro camarero se acercó a nosotras y entonces Rita, antes de que pudiera abrir la boca, le dijo:
- A ver chico, no nos expliques más rollos, dinos dónde está el caviar, el marisco y el foie y estos “lo que sea” los dejas para los caballos-
-Pues creo que no hay, no me consta que el señor Ferràn Adrià incluyera caviar o marisco en el menú. Si quiere puedo preguntarlo en cocina...-le contestó educadamente el camarero.
-No seas estúpida Rita, el pobre chico sólo quiere ser amable- le reprochó Rosa.
-Sí, muy amable pero ¡yo tengo hambre!- se descaró Rita sacando el mal genio que le producía el hambre.
-Venga vamos a por otra copa de cava fresquito que tengo sed” dije mientras me dirigía hacia otro camarero que transportaba una bandeja llena a rebosar de copas.
Fuimos comiendo, con mayor o menor fortuna, algunos de los “manjares” que nos iban ofreciendo los camareros. En el salón tocaba una banda de jazz, me gustaba esa música traída de los Estados Unidos, desde luego había sido un auténtico éxito porque seguía vigente en el siglo XXI.
La verdad es que en la fiesta no desentonábamos en absoluto porque había gente y “pintas” para todos los gustos. La nota dominante en el ambiente era el esnobismo. Había chicos de etiqueta, pero también había chicos vestidos de forma grotesca con unos pantalones horrendos, gigantes, con la bragueta a la altura de la rodilla enseñando los calzoncillos. Otros lucían pantalones gastadísimos al más puro estilo zarrapastroso. Otros exhibían grandes nombres escritos en cada milímetro de tela: Giorgio Armani, Prada, Gucci …mientras otros iban vestidos con trajes de colores chillones, de tan mal gusto, que parecían disfraces dignos de bufones de la corte. Pero si los chicos vestían así, las chicas no se quedaban atrás en absoluto... Las había con trajes preciosísimos, pero también las había con unas faldas tan cortas como un fajín, con piernas como alambres, el pelo estropajoso y oxigenado hasta la médula y tan morenas de piel que parecía que se habían pasado todo el día arando a pleno sol. Otras féminas llevaban escotes tan pronunciados que no tenían dejaban nada a la imaginación. Por más de un escote asomaban dos pelotas redondas desmesuradas a modo de senos, ¡qué vulgaridad! Desde luego, si una cosa teníamos segura, es que éramos de las mejor vestidas y maquilladas de la fiesta. No cabía duda alguna. Pero no fuimos las únicas en darnos cuenta, como pudimos advertir por las miradas de odio que nos dedicaban algunas de las invitadas y por la cara de embobados de muchos de los asistentes de sexo masculino. Pero a todo esto ya estábamos acostumbradas y nos encantaba que así fuera. Por suerte, hay cosas que no cambian con el paso del tiempo…
Durante toda la velada se proyectaban en una pared imágenes y mini películas, sin sentido y sin argumento aparente, que se repetían una y otra vez y que, por lo que pudimos oír de conversaciones que cazábamos al vuelo, eran los anuncios de la agencia de publicidad del amigo de Martina, que habían sido galardonados en diferentes certámenes.
Rita empezaba a estar muy animada, ayudada por las copas de cava que llevaba en su cuerpo, pero no era la única. A medida que avanzaba la noche la gente se iba desatando y el tono de la fiesta iba subiendo por momentos.
Tras los agradecimientos que el amigo de Martina manifestó a los presentes con la ayuda de un micrófono, las luces se apagaron y de la oscuridad surgieron un montón de luces de colores que giraban y se movían frenéticamente de un lado al otro mientras una música horrenda y a un volumen ensordecedor empezó a sonar por toda la casa. Entonces la gente empezó a enloquecer moviéndose de forma extraña, como si tuvieran espasmos, o les estuvieran pisando el juanete sin piedad. Desde luego vaya forma de “bailar” más extraña algunos parecían talmente aprendices de polluelo moviendo los brazos como si estuvieran a punto de volar por primera vez.
Nosotras deducimos que había acabado la cena y empezaba la fiesta loca. Rita ya estaba dale que te pego dando pasos de charleston. Lo que no podíamos entender es cómo podía hacer coincidir los pasos con el ritmo de la espantosa música que sonaba... sin duda demostró una vez más que era una bailarina de primera. Rosa y yo también decidimos dejar de observar y pasar a la acción pegándonos una buena sesión de baile.
Al cabo del rato me percaté de que un chico vestido todo de negro con unas enormes gafas oscuras que le ocupaban media cara, pelado casi al cero y con cara de estreñido, no le quitaba el ojo de encima a Rita... Tengo que decir que esto no me sorprendió demasiado, de hecho ya estábamos acostumbradas a que a Rita no le quitaran el ojo de encima, porque, además de muy guapa, no era precisamente lo que se dice discreta... Lo que realmente me inquietaba era la chulería y la actitud insolente del “pretendiente”.
El tipo en cuestión se decidió a atacar. Se acercó a Rita y le dijo algo al oído. Lo cierto es que no tenía ninguna gracia aparente, de hecho ni bailaba, pero se ve que en cuestión de palique iba sobrado porque Rita no dejaba de reír como una loca ante cada comentario del tremendo elemento.
Nosotras decidimos seguir a lo nuestro, es decir, a bailar, y no pasaron ni tres minutos hasta que fuimos abordadas por sendos muchachos que, la verdad, no estaban nada mal.
-Hola preciosa, ¿cómo te llamas?, ¿estudias o trabajas?, ¿estudias o diseñas? Eres la luz de la fiesta, ¡me has dejado deslumbrado!- dijo el que probó suerte conmigo.
En un principio pensé que el chico no estaba nada mal físicamente, pero tenía menos gracia que los chistes de mi tío Josep y más rollo que una persiana…
-Hola, me llamo Minerva. De verdad, ¿te interesa realmente si estudio o trabajo? ¿A qué te refieres exactamente con lo de si estudio o diseño?-
-Chica, es un decir, una forma de romper el hielo...- contestó intentando hacerse el gracioso. Su sonrisa dejó al descubierto una colección de dientes que habría dado muy buen resultado en la venta de un equino.
-Bueno, cuidado con el hielo, ya sabes lo que le pasó al Titanic...- le solté deseando quitármelo de encima lo antes posible porque su conversación y su aliento de beodo fumador no me resultaban precisamente apetecibles.
-Ya veo que he topado con una chica dura. Me gustan los retos.- dijo el pobre iluso.
-¿Si? Pues vamos a ver si superas tú mi reto… Para tu información ni estudio ni trabajo en algo en concreto. Suelo hacer lo que me da la gana en todo momento y, por cierto, ¿cómo te llamas?, ¿a qué te dedicas?, ¿a qué aspiras?, ¿cuánto cobras?, ¿de qué familia eres hijo? Yo lo que busco es un padre para mis hijos- le pregunté como una ametralladora, casi sin dejarle abrir la boca. Lo de buscar un “padre para mis hijos” era un treta fantástica para quitarse moscones de encima.
- Me llamo Emili, pero todos me llaman Mili. Trabajo como creativo en la famosa agencia Pessat. En cuanto a lo que aspiro, es a que echen a mi jefe directo para quedarme con su puesto, de hecho estoy intentando idear cómo, y por lo demás ganar mucha pasta y trabajar poco, vaya eso contesta también a tu pregunta de cuánto cobro… En fin, aspiro a lo que casi todo el mundo en el sector. Y sobre tu pregunta de qué familia soy hijo, pues te diré que mi padre es dueño del bufete de abogados más prestigioso de la ciudad, el bufete Cincocasas, ¿lo conoces?, no sabes la de pasta que te ahorrarías en abogados si salieras conmigo. ¿Lo de ser el padre de tus hijos?, encantado, siempre y cuando firmemos un acuerdo prematrimonial…- dijo aquel plasta que parecía tener respuestas para todo.
-Vaya, vaya... y tu porqué no te dedicas a la abogacía, ¿si se puede saber?-
-Pues porque a mí me gusta más la vida bohemia, el riesgo, las fiestas, la aventura, es decir todo lo contrario al mundo encorsetado de la abogacía- dijo Emili acercándose a mi peligrosamente; sus brazos empezaban a parecerme, cada vez más, largos tentáculos cefalópodos…
-Perdona pero no creo que tengamos demasiado en común, mejor no perdamos el tiempo. ¡Arrivederci Emili!- le dije girándome buscando a Rosa y Rita con la mirada.
-¡Pero Minerva, vuelve!, ¡si nos acabamos de conocer! Vamos no seas cruel, ¡dame una oportunidad!...-oí mientras me alejaba de él. La verdad es que Mili no me interesaba en absoluto, entonces ¿para qué iba a perder el tiempo?, ya había oído suficiente.
De Rita no había ni rastro y cuando por fin localicé a Rosa vi que estaba muy bien acompañada por un chico alto, rubio y exquisitamente vestido. Los dos estaban inmersos en una conversación que, a juzgar por sus caras y su lenguaje corporal, debía ser de lo más interesante, pobre Narcís, ¡qué cuernos le empezaban a asomar!...Ante tal situación decidí seguir cotilleando por la fiesta y de paso tomarme algo.
Mientras esperaba que uno de los camareros me sirviera me dediqué a fijarme en lo que tomaba la gente de aquella época, había infinidad de marcas y bebidas diferentes. Entre los típicos whiskys con hielo, copas de cava, gin tonic y cuba libre, me llamó la atención un combinado que pidió una chica, un tal Pitbull con whisky. Por un momento decidí dejar de lado mi adorado cava y pedirme uno de aquellos combinados para ver qué tal:
-Hola, ¿me sirve un Pitbull con whisky?-
El camarero puso hielo en el vaso añadió el whisky y después cogió uno de aquellos cilindros coloridos que contenían el tal Pitbull y tras abrirlo acabó de rellenar el vaso.
Pegué un pequeño sorbo, el sabor me pareció repugnante, pero decidí darle otra oportunidad y volví a tomar otro pequeño sorbo que ya no me supo tan mal. Cuando me di cuenta ya me había tomado tres combinados enteros y me sentía mejor que nunca. Una euforia increíble empezó a sacudir mi cuerpo, pensé que aquello debería parecerse, y mucho, al Néctar de los dioses. Cuando me di cuenta estaba bailando como una loca, y la música que antes me parecía horrible ahora me encantaba. En uno de mis breves descansos para recobrar el aliento pude ver cómo Rita estaba tomando contacto físico con el tremendo individuo sin cualidades aparentes. Para mis adentros pensé que tal y como veía a Rita de emocionada, más de una virtud oculta debía de tener porque ella no se liaba con cualquiera…al final del largo intercambio de fluidos bucales decidieron salir al jardín y ya les perdí la pista.
Tras la intensa sesión de baile y viendo cómo Mili me había localizado y se acercaba a toda velocidad esquivando a la gente con gran pericia, decidí salir en estampida hacia la toilette, allí podría retocarme el maquillaje, que ya debía estar un poco perjudicado, y de paso despistarle. En mi huída desesperada choqué contra un chico de forma estrepitosa, caímos los dos al suelo y encima le puse chorreando con mi bebida.
-¡Perdonaaa! Madre mía… no te había visto- le dije totalmente ruborizada mientras me recolocaba el tocado con una mano y me bajaba el vestido con la otra.
-No te preocupes, no pasa nada. ¿Dónde vas tan rápida? ¿A caso te persigue el lobo?- preguntó con una sonrisa preciosa que me dejó k.o.
-Más o menos…- dije mirando hacia atrás, pero era demasiado tarde, Mili me había localizado.
-No me digas que Mili te está tirando los trastos…- me dijo guiñándome uno de sus enormes y preciosos ojos verdes.
-Vaya, ¿le conoces?-
-¿Y quién no le conoce? Es el tío más pesado y empalagoso de toda Barcelona. Ven yo te rescataré- añadió pasándome su brazo por encima del hombro. Yo ante semejante Adonis, no tuve ningún reparo en que lo hiciera y Mili al ver la escena desistió en sus intenciones y empezó a atacar a una chica pelirroja que tenía al lado…desde luego no perdía el tiempo.
Aquel chico y yo nos dirigimos al jardín, la verdad es que casi no podía ni mirarle de tanto que me gustaba, y yo iba pensando para mis adentros…”¡Pero qué te pasa Minerva!, tienes al lado al chico más guapo y más agradable que has visto en tu vida y ¿¿¿te quedas muda??? ¿Quieres que piense que eres una mojigata? ¡Venga espabila cenutria o se te escapa!”
Realmente mientras pensaba esto debía de poner cara de tránsito místico porque cuando volví en mí oí cómo aquel chico decía:
-Perdona, ¿porqué no me contestas?, ¿estás bien?, ¿estás mareada?, ¿te duele algo del golpe? ¿Oye?-
- Ups. Perdona, estaba pensativa… ¿Qué me preguntabas?-
-Nada, si quieres te dejo sola…-
-Nooooooo, noooooooo ¡por Dios!- dije arrepintiéndome de mi expresividad nada más acabar de articular esas palabras. Seguro que pensaba que estaba loca por él, ¡muy mal! Una chica inteligente, guapa y glamourosa como yo nunca ha de dejar entrever sus sentimientos y menos en las primeras citas. Desde luego parecía una quinceañera. Estaba vulnerando todas las normas del arte del flirteo.
-Perfecto, porque no te iba a dejar sola así como así- dijo él con otra de sus preciosas sonrisas que hizo que mi cara, y algo más…, ardiera como la antorcha olímpica. Podía notar, sin ningún tipo de dudas, que estaba roja como un tomate.
-Por cierto, no nos hemos presentado formalmente. ¿Cómo te llamas?- preguntó dulcemente.
-Me llamo Minerva-
-¡Qué nombre tan fantástico! No hay muchas Minervas por aquí, de hecho eres la primera que conozco…. Eres preciosa. Yo me llamo Arnau, encantado de conocerte Minerva- dijo mientras se acercaba para darme dos besos. Era una presentación con todos sus formalismos. Yo tenía tanto calor en mi cuerpo que parecía la chimenea de la Casa Burés, de hecho pensé que me iba a dar un soponcio porque me notaba el corazón en la zona de las amígdalas.
-Bueno, explícame algo más de ti. ¿Te dedicas a la publicidad?- dijo Arnau mientras le hacía un gesto a un camarero que llevaba una bandeja con bombones y copas de cava. Realmente no podía haber estado más acertado, una copa de cava era lo que más necesitaba en esos momentos, bueno, una o varias…
-Pues no, no me dedico a la publicidad, he venido con unas amigas, una de ellas es íntima del anfitrión-dije intentando parecer lo menos nerviosa posible.
-Bueno, y entonces, ¿a qué te dedicas?- insistió.
-Pues, pues…-dije mientras intentaba inventarme algo creíble. Finalmente atiné a decir:
-Trabajo con Martina Massana en una editorial, somos socias –
-Vaya, ¿con Martina? ¡Qué sorpresa!, ¡somos amigos de la infancia!, ¿cómo os conocisteis? nunca me comentó que tuviera una socia en la editorial…- dijo con cara de extrañado.
Aquella conversación se iba enredando por momentos y veía que en cualquier momento iba a meter la pata hasta el fondo así que decidí cortar por lo sano…
-Oye, yo ya te he contado algo sobre mí, ahora te toca a ti- dije haciéndome la reservada para darme cierto aire de misterio. Por mi experiencia con el sexo masculino sabía perfectamente que a los chicos no les gustan las bocazas pero se morían por las misteriosas.
-Perdona tienes razón, parezco del FBI, sólo quería conocerte un poco más. Espero no haberte contrariado con mis preguntas- me dijo chocando su copa contra la mía en un conato de brindis. Y continuó explicándome más sobre él…
-Soy enólogo de profesión y propietario de varios viñedos y bodegas en la zona del Priorat. ¿Te gusta el vino?-
-Me encanta, siempre que sea bueno… Tengo entendido que el vino del Priorat es de los más cabezones que existen…- ante todo soy una chica sincera y desde luego en mi época el vino del Priorat era de los peorcitos.
-¡Pero bueno! ¿Quién te ha dicho eso? Veo que no conoces mucho este mundillo. Mira, ahora tengo que irme, mañana tengo una cata muy importante en una de mis bodegas; me estoy jugando el máximo reconocimiento posible para la cosecha de este año. Si quieres me das tu móvil y te preparo una visita y una cata particular muy especial, yo me encargaré de todo y luego podrás decirme con conocimiento de causa si los vinos del Priorat son buenos o malos, ¿qué te parece?- dijo cogiéndome la mano.
Pues ¡Claro que quería una cata particular! Pero, ¿qué narices era un móvil?, no osaba decirle nada, no quería que pensara que era una cateta. Por suerte en esos momentos vi a Martina que estaba hablando animadamente con una chica delante de mí, entonces le dije a Arnau :
-Un momento por favor, ahora vengo, tengo que decirle una cosa urgentemente a Martina y no quiero que se me escape, espérame, ¿vale?-
Salí corriendo hacia ella y totalmente fuera de mí le dije en la oreja:
- ¿Qué es un móvil?, ¡vamos dímelo por favor!, ¡me ha dicho que le de mi móvil para quedar con él!- le dije señalándole disimuladamente a Arnau con la mirada.
-¿Estás quedando con Arnau?, ¿de verdad? Pero hija, ¡qué suerte tienes! ¡Poner un pie en la fiesta y llevarse el trofeo! Toma dale este número 688 88 88 88, es mi móvil, dile que has perdido el tuyo porque éste lo tendrá registrado en su agenda a mi nombre…- dijo Martina apuntándome su número de móvil en una servilleta con un pintalabios.
-Gracias, ¡gracias!- le dije a Martina haciendo el gesto de la victoria con los dedos.
-¡Hola! Ya estoy aquí. Mira te doy el móvil de Martina porque el mío lo he perdido, soy un poco despistada…-dije con una caída de pestañas digna de una estrella de Hollywood.
-Perfecto, entonces te llamo al de Martina, ya lo tengo registrado, no te preocupes. Bueno Minerva, encantado de haberte conocido, ha valido la pena venir a esta fiesta. No soy muy amante de estos saraos, me aburren un poco, pero tengo que reconocer que en este me lo he pasado muy bien. En cuanto acabe con lo de la cata te llamo y quedamos- dijo mientras se acercaba para darme dos besos de despedida que me erizaron el vello de todo el cuerpo.
-Adiós Arnau, hasta otra- dije haciéndome la indiferente, cuando en realidad ya estaba contando los segundos que faltaban para volver a quedar con él.
Vi como Arnau se alejaba, y una euforia desbordante me llenaba por completo, la luz del alba entraba por los enormes ventanales del salón y la gente empezaba a desaparecer por momentos. Martina estaba en la otra punta del salón despidiéndose de dos chicos, yo me dirigí hacia ella con la intención de acabar la fiesta.
-¿Martina nos vamos ya?, parece que todo el mundo se va, ya está amaneciendo-
-Sí, estoy cansadísima, madre mía tengo la lengua que casi no me cabe en la boca de tanto que la he ejercitado…Me he encontrado con gente que no veía desde hace siglos. ¿Dónde están Rosa y Rita?, ¿las tienes localizadas?-
-Pues la verdad es que no. A Rita la vi saliendo al jardín con un chico con el que compartían algo más que palabras y Rosa creo que más o menos anda por el mismo camino con otro mozo-
-Venga yo miro por la casa y tu busca en el jardín, nos encontramos aquí dentro de cinco minutos- dijo Martina mientras caminaba en dirección al salón principal.
Salí al jardín y allí no había más que copas vacías y alguna que otra pareja en situación comprometida.
Busqué en todos los rincones y finalmente encontré a Rosa que salía, muy bien acompañada, de una especie de pérgola en la que había unos sofás blancos y una mesilla central con un farolillo. El rincón no podía ser más romántico.
-Hola Rosa, dice Martina que nos vamos a ir ya-
-¿Ya?-dijo con cara de pena.
-Bueno, es que ya está amaneciendo…-
-Sí, sí, de acuerdo- entonces se giró y se despidió de aquel chico rubio con un beso de campeonato. Lo más interesante fue comprobar que el chico en cuestión ¡era extranjero!, de hecho hablaba en inglés y Rosa de inglés no sabía nada de nada… pero ya sabemos que el amor no necesita de palabras.
Rosa y yo nos pusimos a buscar a Rita por todos los rincones. Ni ella ni yo la habíamos visto en prácticamente toda la noche. Como nuestra búsqueda fue infructuosa nos dirigimos al punto donde habíamos quedado con Martina para ver si ella había tenido más suerte.
-Qué, Martina, ¿la has encontrado?- le pregunté.
-¡Qué va! ¡Ni rastro en ninguna parte!-
-¡Anda!, ¡ahora que recuerdo!... La vi salir de la casa con aquel chico de negro con las gafas gigantes, pero pensé que volverían a entrar- dijo Rosa.
-Madre mía, lo que nos faltaba… perder a Rita con lo discreta que es- pensó Rosa en voz alta poniendo cara de sufrimiento.
-¿Cómo? ¿Con un chico de negro con inmensas gafas negras?, ¿y con el pelo rapado casi al cero?-
-Si- contesté con cara de sorpresa.
-¿Sabes quién es?- añadí.
-¡Pues claro que lo sé!, ¡vamos que se ha ido a liar con el más discreto de la fiesta! .Vaya dos se han juntado, Dios mío ya nos podemos preparar…Lo mejor que podemos hacer es irnos a casa y esperar a que llegue. La habrá llevado a dar una vuelta, digámoslo así…-dijo Martina con cara de circunstancias.
–Veremos por dónde sale esto- añadió poniéndose las manos en la cabeza .
Nosotras no entendíamos de qué iba el tema pero estábamos tan cansadas que no quisimos preguntar más, sólo tuvimos fuerzas para meternos en el coche y dejarnos llevar hasta casa. Habían sido muchas emociones para nosotras y ahora sólo necesitábamos descansar.
Durante el trayecto Rosa y yo nos dormimos. Al llegar a casa, Martina dijo que se quedaría a dormir con nosotras porque no estaba nada tranquila por Rita y que prefería estar presente cuando apareciera. La verdad es que se la veía bastante nerviosa. Nosotras conocíamos bien a Rita y sabíamos de sobras que ella siempre era la última en acabar la fiesta, así que nos metimos en la cama y no le dimos mayor importancia al tema…
Cuando estábamos cogiendo el sueño oímos cómo un coche paraba delante de la puerta de casa. Fuimos corriendo a la ventana y efectivamente pudimos ver como Rita bajaba de un coche rojo al volante del cual iba el extraño elemento. Tras despedirse con un beso que no se acababa nunca, Rita se dirigió a la puerta de entrada y cuando intentaba meter la llave en la cerradura, con bastantes fatigas por cierto, Martina abrió la puerta y la hizo entrar de un estirón, muy alterada y mirando en todas las direcciones de la calle como si buscara a algo o a alguien.
-¡Rita por dios!, ¡quedamos en que seríais discretas! ¿Dónde has ido con él?, y lo que es peor, ¿¿¿qué habéis hecho???- dijo Martina con cara de preocupación.
-Pero bueno, ¡qué pasa! Ya soy mayorcita para hacer lo que quiera con quien quiera y donde quiera, ¿no crees? Además hemos sido muy discretos, de verdad- contestó Rita mientras se le escapaba una sonrisa pícara por debajo de la nariz.
-Si seguro que habéis sido muy discretos… ¿Sabes quién es él? ¿Os ha perseguido alguien? No tienes ni idea de dónde te puedes haber metido- dijo Martina haciendo aspavientos.
Tras la tensa escena, Martina nos explicó que el individuo con el que Rita se había estado divirtiendo era un tal Borja Mefisto, exitoso publicista que se había convertido en “famoso” por ser el miembro del jurado más chulesco y déspota de un programa de televisión en el que se elegía al mejor cantante de canto gregoriano de España. Martina nos explicó que desde que se había convertido en una celebridad su vida era un escaparate y que no había semana en la que no saliera en la portada de alguna revista del corazón con un nuevo escándalo real o inventado.
-¿Entiendes el porqué del interrogatorio?, piensa que decenas de paparazzis siguen todos sus movimientos a la caza de cualquier foto susceptible de ser publicada con un titular escandaloso…- le dijo Martina a Rita y ésta se quedó sin habla durante unos segundos. Tras el breve silencio nos contó la “escapada” obviando datos que realmente no era necesario relatar.
-Madre mía, ahora entiendo su insistencia en salir de la fiesta con tanta precaución y secretismo… pensaba que su forma de actuar se debía a que estaba casado, pero veo que no iban por ahí los tiros. La verdad es que no profundizamos mucho en nuestras biografías, sólo sé de él que se llama Borja y poca cosa más, nuestro diálogo fue totalmente banal, bueno, y erótico festivo. A ver, antes de salir de la casa nos agenciamos una botella de cava y dos copas y entonces cogimos el coche y me llevó a un mirador muy romántico desde el que se veía toda Barcelona, y bueno lo que sigue no es muy original, ya os lo podéis imaginar…-dijo Rita con cara de sorpresa, y añadió:
–Yo no vi ningún pizpirazi, ¿se dice así?, ¿deduzco que son fotógrafos, no?; aunque tengo que confesarte que tampoco estaba en situación de percatarme de su presencia-
-Esperemos que así sea y que esto no trascienda porque si la prensa del corazón no sabe de dónde has salido, te inventarán un pasado, el que más les convenga, y te aseguro que tu vida, y por extensión la nuestra, será un infierno. Nos perseguirán a todas partes intentarán averiguar a qué te dedicas y todo lo que puedan de tu día a día y nuestros planes para saber el cómo y el porqué habéis llegado aquí se volverán muy muy difíciles- dijo muy seria Martina.
Nos fuimos a la cama realmente preocupadas, pero el cansancio hizo que el sueño nos venciera rápidamente, mañana sería otro día.

domingo, 10 de mayo de 2009

Ganadora Sorteo primaveral!!!

Como sabéis hoy toca conocer la ganadora de la Minerva del sorteo primaveral. La mano inocente de mi hija mayor ha sacado el número 15 y... contando cuadritos de seguidoras corresponde a...


....


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ANNA!

Bueno Anna, ENHORABUENA! me pondré en contacto contigo para hacerte llegar tu regalito muaaaaaaks! :-)))
Por cierto, el Minervas crossing no ha dado señales de vida... ohhhhhhhhh

domingo, 26 de abril de 2009

1er Minervas Crossing cumplido...

Pues bien, el 1er Minervas Crossing cumplido...pero sin noticias de la pobre Minerva! :-) Tal y como anuncié el sábado dejé la Minerva en los lavabos de la planta -1 (los de al lado de Swarovski) del centro comercial La Illa y, efectivamente, alguien encontró a nuestra Minerva ya que después de comer ya no estaba...pero por el momento no ha dado señales de vida...
Y eso que ponía las instrucciones a seguir!, en fin seguiremos esperando...

miércoles, 22 de abril de 2009

Sorteo primaveral y datos 1er Minervas Crossing!

Para celebrar que por fin parece que ha llegado la primavera (hasta ahora sólo tenía de primavera el nombre...), vamos a sortear una Minerva entre todas las personas que me "sigan", es decir entre las que aparezcan en la lista de seguidoras de este blog entre hoy y el día del sorteo. El afortunado será elegido el día 8 de mayo :-)
Por otra parte este sábado tendrá lugar el primer Minervas crossing!
:-)
La Minerva en cuestión estará retocándose el maquillaje en algún sitio de la toilette de al lado de la tienda Swarowsky (Planta -1) del Centre Comercial La Illa este sábado día 25. ¿En casa de quién dormirá esa Minerva?, esperemos descubrirlo proximamente...

lunes, 23 de marzo de 2009

Alea jacta est!

Esta entrada es para dar un pequeña explicación...
Sintiéndolo mucho, la fantástica historia de Las Minervas debe quedarse en "stand by" en el blog porque (en formato novela corregida y aumentada) ha sido registrada y está siendo revisada para su posible publicación y por indicaciones editoriales no puedo publicar nada más sobre la historia. Siento dejaros así, pero es un tema muy emocionante para nosotras! ya que nos encantaría poder llegar a un montón de gente! :-)))))
Gracias por vuestra infinita comprensión, pero seguiremos por aquí con nuestros rollos
Muaaaaaaaaks

domingo, 22 de marzo de 2009

Llegó la primavera!!!



Por fin llegó la primavera! y tras el largo parón por motivos laborales... las Minervas vuelven la semana que viene con más fuerza que nunca! :-)))


Empezaremos con un Minervas crossing, el domingo día 29 de marzo daremos todos los datos, estad atentas...


atchiiiiiiiis

domingo, 1 de febrero de 2009

Seguimos con las sorpresas...

Pues siguiendo con las sorpresas (el año 2009 ha venido cargado de magia y nuevas ideas), unas cuantas Minervas y yo hemos decidido dar un pasito más! :-))))
Supongo que todo el mundo conoce el Bookcrossing, una manera original y realmente misteriosa de compartir libros... pues nosotras vamos a hacer... Minervas crossing ;-)))
Es decir, pronto daremos una fecha y un lugar escondido donde "liberaremos" una Minerva que se irá totalmente por sorpresa (o no) con una propietaria que la encuentre y la adopte, el único requerimiento, que será especificado en un pequeño mensaje secreto que llevará el paquetito mágico, será entrar en el blog y hacer un comentario sobre esta pequeña experiencia mágica!
:-))))

Por el momento la liberación será en Barcelona, pero pronto, con vuestra inestimable ayuda, se hará también en otras ciudades de España ;-))))))
Seguiremos informando...

La ganadora es...

Por fin llegó el día del sorteo de las galletas mágicas y la mano inocente de una pequeña hadita ha querido que sea... SU!
La pobre se ve que va muy ajetreada y pedía día de 48 h!
:-0
Veamos lo que las galletas pueden hacer por ella...
Ya nos contarás Su
FELICIDADES!!!! :-))))))))

martes, 20 de enero de 2009

Sorteo Galletas Mágicas...

Por fin ha llegado el día del sorteo de las Galletas Mágicas!!! :-0
Como ya sabéis, las galletas mágicas son una pieza clave en la apasionante historia de las Minervas y, como también sabéis cumplen deseos...
En este caso, son galletas oráculo, su modo de empleo es muuuy sencillo... El afortunado que reciba las galletas tendrá que seguir el siguiente procedimiento:

1) Cerrar los ojos y concentrarse
2) Formular una pregunta o deseo
3) Comer la galleta

Si sigue este procedimiento la galleta dará una respuesta y os aseguro que SON INFALIBLES!
:-)))))) Lo mejor de todo es que el afortunado recibirá tres galletas :-0 vaya chollo!

Cómo participar y ganar estas increíbles galletas???

1) Dejar un comentario en esta entrada explícando uno de vuestros preciados deseos (confesables...)

2) Difundir este sorteo a los cuatro vientos!

Suerte y Felicidad para todooooooooos

Por cierto muuuy importante!, el sorteo se celebrará el día 1 de febrero

_________________________________________________________________

Muchísimas gracias a todas las que estáis colaborando a la difusión de este mágico sorteo en vuestros fantásticos blogs! :-))))

También quería agradecele a Bea de De Tacones y Bolsos el precioso post que nos ha dedicado.

Gracias Bea muuuuaks! :-))))



viernes, 16 de enero de 2009

Mi casa (Capítulo 5)



En Loterías y Apuestas del Estado nos dijeron que el premio nos lo ingresarían ante notario y que tardaríamos unos días en disponer de él, así que Martina, aunque iba un poco justa de dinero porque había invertido todos sus ahorros en la editorial, nos hizo un adelanto para solucionar el tema de la documentación falsa, multas y demás...
El tema de los papeles fue visto y no visto. Llegamos al ostentoso despacho del siniestro espécimen y fue soltar el fajo de billetes en la mesa del picapleitos y tener los papeles en la mano casi al instante, cosa que Martina agradeció porque estaba nerviosísima por la ilegalidad de la transacción. Con nuestros papeles en la mano, recogimos el coche y nos dirigimos a mi casa en la Avinguda del Tibidabo 29.
-¡Minerva!, ¡qué coche!, ¡es precioso! Madre mía, esto es una auténtica joya, no te puedes hacer una idea de lo que vale este coche hoy en día... ¡es de coleccionista!- dijo Martina mientras conducía el coche disfrutando de cada golpe de volante.
-Lo sé, me encanta mi coche, por eso lo tenía que recuperar como fuera- dije acariciando la carrocería con la mano...
La gente nos miraba al pasar y por primera vez en tiempo, disfruté del paseo bajo aquel sol radiante que inundaba Barcelona.
Cuando llegamos, dejamos el coche en la cochera y entramos en casa.
Martina no podía creer lo que estaba viendo...
-“Pe... pero ¡si esta casa estaba abandonada!, ¡estaba prácticamente en ruinas! ¿Y el jardín?, ¡sólo era un cúmulo de malas hierbas!... Dios esto es increíble”-dijo Martina sin poder salir de su asombro.
El jardín lucía en todo su esplendor. Los árboles, las flores, los cientos de aromas y sonidos de pájaros hacían que pareciera un pequeño edén, y la casa tenía un brillo especial, parecía nueva y recién salida de un cuento de hadas.
Por el camino, nos habíamos parado a hacer unas compras de comestibles, porque la verdad es que en casa ya no quedaba mucha cosa que llevarse a la boca. Desde el día que intentamos comprar, pero no pudimos porque nos pedían los malditos euros, habíamos ido pasando comiendo algunas conservas artesanas que quedaban en la despensa...
Mientras Rosa, Rita y yo poníamos la comida en su sitio, Martina se dedicó a mirar el montón de cuadros, muebles y fotos que había en el salón.
-¡Minerva, ven aquí! Tienes que explicarme quienes son las personas que salen en esta fotos- dijo Martina emocionadísima.
-¿A ver?, mira esos son mi padre y mi madre, este es mi hermano: tu abuelo, estas son mis tías monjas...-dije señalando con el dedo a cada persona que iba nombrando.
-¿Este es mi abuelo?-preguntó sorprendida Martina.
-Sí, esta foto nos la hicimos pocos días antes de nuestro “viaje”- le dije.
-Estoy impresionadísima, esto es un sueño para mí- dijo emocionada Martina.
-¡Venga, que te voy a enseñar la casa!- le dije cogiéndola por el brazo.
-No te puedes ni imaginar cómo estaba esta casa la última vez que la vi... es realmente preciosa, tiene algo especial... no sé cómo mi padre ha sido capaz de ponerla en venta- decía Martina mientras miraba asombrada todo lo que había a su alrededor.
Mientras, yo le iba haciendo de anfitriona enseñándole todas las estancias de la casa y le iba explicando un poco la historia de todo lo que había en ella...
-Mira, este mueble nos lo trajo Antoni Amatller, muy amigo de mi padre, de la China, es el preferido de mamá. Por cierto, he visto que su casa sigue tan espléndida como siempre en el Passeig de Gràcia- dije señalando un pequeño mueble con dibujos orientales en policromía...-
Y continué:
-Y este sofá nos lo trajeron especialmente de París, un capricho de mi padre. Aquí se pone a fumar puros, leyendo o meditando- añadí señalando un sofá de terciopelo rojo.
-¿Ese cuadro?, ¡es un Casas!- dijo Martina atónita.
-Uy, ya lo creo, ¡tenemos un montón de cuadros de Ramón!, es íntimo de la familia. Mira los que salen en este cuadro son mi padre y mi madre...- le solté con sin darle gran importancia al tema.
-Pues debes saber que es un pintor reconocidísimo...- dijo Martina.
-¿Ramón Casas?, ¿nuestro Ramón Casas?-dije incrédula.
-Sí, si “vuestro” Ramón Casas- añadió Martina.
Y así seguimos un buen rato, descubriendo Martina, y redescubriendo yo, todas las piezas que conformaban mi casa de toda la vida. Un montón de objetos y muebles y elementos decorativos, fabricados por artesanos muy reconocidos en nuestra época y que formaban parte del estrecho círculo de amigos de mis padres, como: Francesc Vidal, Josep Maria Jujol, Alexandre Riquer, Josep Llimona…
Todos esos maravillosos objetos tomaban ahora una nueva dimensión para mí. Parecía como si, por una extraña razón, fuera consciente de cada una de las cosas que antes pasaban desapercibidas para mí por ser de lo más cotidiano.
-Mira Martina, ahora te voy a llevar a la bodega, allí es donde encontramos las galletas y el colgante...- cogí a Martina por el brazo y la llevé hacia las escaleras que conducían a la bodega.
Al abrir la puerta tras la que estaban las escaleras un nuevo resplandor dorado inundó la casa y un aroma delicioso inundó nuestras narices con la misma fuerza que un delicado perfume. Rita y Rosa vinieron corriendo de la cocina para ver qué sucedía.
Bajamos por las escaleras hasta la bodega y de la vitrina, donde habíamos encontrado las galletas y el colgante, salía resplandeciente la luz dorada que dotaba de una calidez sobrenatural toda la estancia. La mágica combinación de luz y aroma hacía que nos sintiéramos realmente bien, era como si hubiéramos entrado en otro mundo lleno de calma y armonía.
Al acercarnos pudimos comprobar que esa luz la emitía un sobre que parecía levitar entre tanto resplandor.
Martina, dando muestras de su impaciente carácter, acercó la mano al sobre y sin ningún tipo de reparo lo cogió. El sobre era realmente precioso, como todo lo que habíamos encontrado en la vitrina no era nada convencional.
-Vamos a ver qué pone. ¡Esto es como una película de Harry Potter!- dijo Martina mientras soltaba una carcajada nerviosa.
-¿Harry Potter?, ¿es un actor conocido en esta época? A mí me chifla Charlot, algún día protagonizaré con él alguna película… ¡Me encantó La Quimera del Oro! -comentó Rita soñando despierta.
-Chicas, ¿qué es esto?, ¿un mapa?- dijo Martina, mientras giraba la hoja que contenía el sobre, del derecho y del revés...
-¿A ver?- añadí yo, mientras Rita y Rosa también se acercaban para ver el contenido de la hoja.
-Es verdad, es un mapa, pero, no tengo ni idea de dónde...Mirad lo que pone aquí: La llave del colgante os llevará hasta la respuesta, pero antes tenéis que encontrar la entrada... O sea que con este mapa y la llave del colgante ¿sabremos la respuesta al porqué de nuestro viaje? Esto se pone emocionante… Mirad vosotras el mapa a ver si os suena algo- entonces enseñé el mapa a Rosa y a Rita y lo repasaron de arriba abajo buscando algo que les resultara familiar pero tampoco parecían reconocer nada en él.
-Pues ya podemos ir pensando entre todas dónde puede estar la entrada. Anotad en un papel cualquier cosa que creáis que puede tener algo que ver con este mapa- dijo Martina dándole un último vistazo. Después miró el reloj y nos dijo:
- Por cierto chicas, esta noche estamos invitadas a una fiesta. Bueno, estoy invitada a una fiesta pero os llevaré para que también os distraigáis un rato. Es una fiesta que da un amigo mío para celebrar que su agencia de publicidad ha ganado un León de Oro en Cannes. Acudirá la flor y nata de la sociedad barcelonesa, así que ya os podéis arreglar bien, y por favor, tenéis que ser muy discretas, si alguien se enterara de nuestra “historia” sería el final de mi reputación como chica seria...todo el mundo pensaría que he perdido varios tornillos.... Así que os recomiendo ver, oír y callar-
Al oír que estábamos invitadas a una fiesta ¡nos pusimos como locas!, no había nada en el mundo que nos gustara más que ir a fiestas glamourosa. De hecho ero lo que mejor sabíamos hacer, divertirnos.
-¡Una fiesta! Oh, Martina, ¡perfecto! ¡Gracias por llevarnos! Y dices que va a ir la flor y nata de la sociedad barcelonesa, yujuuuuuuu, ¡como en nuestra época! Ya estoy pensando en qué me voy a poner. Venga chicas vamos al armario que tenemos muchísimo trabajo por delante, elegir nuestros modelitos será una difícil tarea porque tenemos que estar deslumbrantes en nuestra primera fiesta en esta época, la ocasión bien lo requiere. Y por cierto Martina, no te preocupes que seremos discretas...- dije exaltadísima mientras le guiñaba, con complicidad, un ojo a Martina.
Rosa y Rita también se pusieron contentísimas. No paraban de reír, aplaudir y gritar pensando en la fantástica noche que nos esperaba.
-Ahora que lo pienso. Creo que sería mejor que yo os dejara la ropa, porque con esos modelitos, discretas lo que se dice discretas no vais...-añadió Martina pensativa.
-¿Qué? ¡Si tengo el mejor guardarropa de Barcelona!, siempre he sido la envidia de todas las barcelonesas. Si hay algo que me distingue es mi buen gusto, ¿verdad chicas?- dije mirando a Rita y Rosa que asintieron con la cabeza a la vez.
-Si Minerva, no lo pongo en duda, pero es que estos vestidos son muy... ¿años 20?-dijo Martina tocándome la manga transparente de mi precioso vestido rosa.
-¡Pues claro!, ¡de que época quieres que sean! ¡Nosotras somos unas chicas años 20! Por cierto, he podido comprobar que nuestros vestidos siguen muy de moda hoy en día, en algunos escaparates de tiendas caras no desentonarían nada...no me pienso poner tu ropa horrible, sácatelo de la cabeza.- dije sulfurada.
-¡Ni yo!- dijo Rita girando la cara.
-¡Y yo tampoco!- acabó de sentenciar Rosa.
-Hijas, a tozudas no os gana nadie. Haced lo que os dé la gana, pero ¡ya os he advertido!, mucha discreción en todo lo que hacéis o decís...- dijo Martina dando por concluida la banal discusión.